lunes, mayo 29, 2006

Mañana de calor angustiante.

Menos mal que ha llovido un poco y se ha presentado una tormenta inesperada pero que se agradece. A estas hora todo lo malo ha pasado y qué tranquilidad se respira en el ambiente. Ahora sí se está estupendamente, yo me iba a trabajar en este momento y no esta mañana, con un calor extraño a las ocho de la mañana. Y en las clases ya no sabíamos qué hacer para motivar al personal, cada vez más protestón, apático con las tareas y con ganas de bronca permanente. Pasó la mañana y cada vez más cansada, con la tensión baja, bajísima y sin fuerzas para tirar de mí, cuánto más de mi casa y mis niñas. Así las cosas tuve que sobreponerme y desear con todas mis fuerzas que lloviera de repente, cuatro gotas, lo que fuera. Y llovió. Vaya si me escuchó el cielo. Descargó una tormenta mientras escuchaba por enésima vez hablar del estado preocupante de Rocío Jurado en la tv. Escuchaba sin más y miraba caer la lluvia tras los cristales. Abrí el ventanal y dejé que el airecito me reconfortara. Vaya si lo hizo. Durante un buen rato me sentí adormecer con el murmullo de la lluvia. Hasta que mi hija vino con una piruleta gigante a pedirme que le quitara el plástico. Para piruletas estaba yo. Bueno, qué se le va a hacer. Ya no me pude dormir más y me vino el recuerdo de un fragmento de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que les estuve dictando esta mañana a los alumnos de primero. Yo leyendo y disfrutando del pasaje lírico y ellos preguntando que cuánto quedaba a la segunda línea. Yo corrigiendo ese dictado, mientras ellos realizaban unas actividades propuestas y a cada rato leyantándose para preguntarme insignificancias; solo por levantarse y darse un garbeo por la clase. Dejó de llover y entonces me acordé de que la muchacha llegaba hoy más tarde. Las niñas no habían aparecido en prácticamente toda la tarde, si exceptuamos a la de la piruleta. Dos muñecas Agathitas tenían un poder embrujador, a lo que se ve, y estaban hipnotizadas jugando con ellas. Me acerqué a su habitación y allí me encontré la piruleta puesta repegajosa sobre una mesa. Me las llevé a merendar y mientras daban cuenta de las galletas, sonó el telefonillo: era una amiga de la mayor que venía a jugar con ellas. "Maravilloso, verás qué bien se portan en adelante. Con ella son dos santitas", pensé para mí y no me equivoqué. Me han dejado la tarde libre, para leer lo que quisiera, con este olor a tierra mojada que me parece el mejor regalo del día. Y hablando de regalos, el miércoles 31 es mi cumpleaños. No digo la edad, porque todavía no he superado el trauma.

viernes, mayo 26, 2006

El panfleto antipedagógico.

Gracias a la bitácora del Tigre http://blogdeltigre.coconia.net me he enterado de que circulaba por internet El panfleto antipedagógico, del profesor Ricardo Moreno Castillo. Ahora ya está editado y pronto podremos leer sus opiniones sobre el sistema educativo de nuestras entretelas, cómodamente en libro. Qué poca gente de mi entorno, de mi centro educativo, por ejemplo, ha oído hablar de ese panfleto, que tanta gente conoce ya gracias a la versión PDF. No dejéis de daros un garbeo por ese blog y comprobarlo. A ver qué os parece. Yo voy leyendo poco a poco el panfleto y me está dejando asombrada por la cantidad de verdades como puños. Desde dentro todo se ve de otra manera, indudablemente. Los que estamos al pie del cañón sabemos perfectamente de qué habla y por qué habla así en su escrito. Más de uno rabiará, mientras muchos nos sonreiremos al comprobar que hay alguien con la lucidez suficiente y con valentía, por qué no decirlo,para exponer a la sociedad lo que pensamos de este sistema educativo que comete errores imperdonables todos los días del año. A ver si en vez de rasgarse (que no rascarse) las vestiduras, algunas de las personas más interesadas en una enseñanza de calidad abren, definitivamente, los ojos y ven la realidad, tal cual es. Y, sobre todo, dejen de creer que viven en el país de la Utopía, con todas esas zarandajas y engañabobos, que no llevan a ningún camino medianamente transitable. Ya estamos bastante cansados de vérnoslas con esos insufribles caminos de cabras.

lunes, mayo 22, 2006

Sentimientos cambiantes.

Esta mañana, he madrugado como siempre, pero me ha costado horrores poner el pie en el suelo.La perspectiva: lunes, un montón de clases todas seguidas y guardias en los recreos, frío ¿el 22 de mayo?; ya se sabe, todo en contra de la voluntad de querer levantarse para ir a trabajar. Luego, a lo largo de la jornada, me he dado cuenta de que no era un lunes tan malo. Los alumnos me habían hecho caso y se tenían preparados los trabajos que sin falta entregarían hoy. Todos aprovechando la hora de clase para rematar alguna de las actividades propuestas ¿se puede pedir más para que reine la armonía en el aula? Ellos responsables, trabajadores; y yo satisfecha de ver lo atípico delante de mis narices. Hasta los más salvajes, los que van a su bola y pasan de todo, ¿trabajando hoy, preguntándome si había posibilidades de que recuperasen la asignatura? De verdad que me tuve que frotar los ojos para comprobar que no estaba soñando, que no tenía visiones, que todo es posible en la enseñanza secundaria. Hasta los milagros. Doy fe de ello. En resumen, la jornada muy bien, todo de una manera completamente distinta a lo habitual. Este es un día para señalar en el calendario. Mañana vamos a ver si se conserva la magia o no, pero que nos quiten lo bailado. El caso es que ya en casa viendo el telediario de la primera y escuchando la noticia del autobús que chocó con un árbol y perdió el techo con el impacto, me entró un malestar insoportable. Enfocaron a una madre en un hospital, que contaba que había salvado su vida y la de sus hijos (una niña le daba un pañuelo para que se secara las lágrimas entre los moratones de los golpes) casualmente por haberse cambiado el sitio con otra mujer que llevaba un hijo, que fatalmente tuvieron que morir en el accidente. Por qué poco se pierde la vida, cuántas veces nos salvamos por los pelos y lo contamos sobrecogidos aún, pero llorando de alegría de estar vivos, traumatizados por la experiencia y, sin embargo,aferrados a la vida con uñas y dientes. Así vi a esa pobre madre de orígen marroquí llorosa, magullada, agobiada por el recuerdo de la otra pobre mujer que había muerto junto a su hijo, simplemente por ocupar otro sitio (el suyo, el que ella le cambió), en un autobús que se precipitaba descontrolado hacia la muerte. Y lo que más me entristecía de todo era ver la mano de su hija pequeña tendiéndole un pañuelo para que secara su cara, con la calma de una criatura que, como si comprendiera el sinsentido al que había asistido, le quisiera dar ánimos a su madre junto a sus hermanos, allí, en silencio, en aquella habitación de hospital, inundada por las cámaras en busca de la noticia. Un accidente más de los muchos que suceden todos los días. Pero para ellos, los afectados, triste noticia que presenciaron en un fatídico día.

jueves, mayo 18, 2006

En el Día de Internet yo no hago uso de internet en el aula.

No me había enterado de que hoy era el Día de Internet. Si lo hubiera sabido, por qué no, habría usado el ordenador, internet ,en el aula con los alumnos-as. Ellos de mil maravillas. Venían después de las romerías y días de campo quemados por tanto estar al sol en estos campos sureños. No tenían ni fuerza para coger el bolígrafo y apuntar las cuatro cosas que necesité dictar en la clase. "Uf, ahora escribir"-decía un pobre a su compañero de pupitre con la cara abotargada y el cabello más rebelde y enmarañado que nunca. Su compañero estaba poco más o menos, pero no hacía más que intentar espabilarse abriendo mucho los ojos y reprimiendo el bostezo. Estaban en la primera fila y hubiera sido improcedente bostezar a las claras, así que se puso estratégicamente la mano cerca de la boca y en una de mis idas y venidas por entre las mesas del fondo vi que terminaba bostezando unas cuantas veces. Eso traen estas costumbres arraigadas en los pueblos: "danos romerías y folklore, que es lo que nos va". A final de curso me llevan todos los demonios. ¿Cómo queremos cumplir la programación que nos hemos marcado con tanto folklore y tanta fiesta? No sé cómo voy a terminar de dar el programa. ¿Suprimiendo? Anda, pues claro, qué otra cosa nos queda después de ver que por fas o por nefas, el carro no avanza. Y no porque ellos no se quieran volver de romería.

miércoles, mayo 10, 2006

www.lacoctelera.com/meritxellgris

Leyendo a Alberto Méndez ,Los girasoles ciegos, me encuentro con este fragmento perteneciente al tercer relato titulado "El idioma de los muertos"(Tercera derrota:1941) "Una fotografia del general Franco con gorro cuartelero colgaba, sonriente y fiera, de la pared del fondo junto a un crucifijo de madera. Aquella sala vacía, antes aula escolar a juzgar por el enorme encerado que cubría la pared del fondo, recogía el sonido de una actividad enérgica en el exterior que se traducía en el eco incesante de portazos, órdenes tajantes y pasos apresurados. Pero allí dentro prevalecía el silencio. Los tres soldados de custodia permanecían como estatuas al fondo del aula, no como estatuas guerreras sino con la inmovilidad de la fatiga, sin épica." Ese párrafo lo he leído más de una vez. Empecé el libro hace ya unos cuantos días y como retomo su lectura a salto de mata (mi manera de leer preferida, ya se sabe) pues me ha tocado leer varias veces lo mismo porque se me iba olvidando el argumento. Con todo, me ha gustado especialmente ese fragmento por cuanto localiza el escenario perfectamente visualizado por cualquiera que haya visto películas o fotografías de los años cuarenta centrados en escuelas, aulas con su crucifijo y su fotografía de Franco. Qué Tipical Spanish. Pues el libro de A. Méndez es todo el tiempo así: muy descriptivo, muy realista, narraciones ágiles centradas en la acción novelesca, personajes muy bien caracterizados con las cuatro pinceladas y con el diálogo o monólogo entreverado en la narración,etc. En definitiva, una buenísima historia que me da mucha pena ir terminando. Ya me queda el último relato titulado precisamente "Los girasoles ciegos". En mi otro blog ya había tratado yo algo relativo a este malogrado escritor.

Lío de gafas.

Ya tenemos las gafas famosas (en un post hablé de que me las tenía que poner para cerca) y qué gozo en un pozo. Sí, muy típico lo que me acaba de suceder. A saber: esta mañana me las llevé al instituto, a mi trabajo, y di la primera clase con las gafas normales, las que uso para lejos. Claro, estoy tan acostumbrada a llevarlas a todas partes que aunque no las necesite en la clase, permanezco con ellas puestas todo el rato ,normalmente. Me di cuenta de que en el bolso llevaba las nuevas gafas y me las puse para leer algo mientras hacían un examen mis alumnos en la segunda hora. Qué maravilla leer sin esfuerzo, relajadamente y que, por cierto, no me costó nada adaptarme a ellas. Genial. Así estuve durante esa hora y lo gracioso es que cuando me paseaba por el aula y miraba a la lejanía por la ventana, oh milagro, veía si no perfectamente como con las gafas para lejos, sí me podría apañar perfectamente. Vamos, que lo principal lo veía. Hombre, un matorral, allá lejos tal vez se me escapara, pero tampoco era necesario verlo todo a la perfección, para eso estaban las otras gafas. Salí al pasillo y algunos alumnos se habían percatado del cambio de gafas. Por más que caminara intentando pasar desapercibida, nada. Ya estaba el comentario de las nuevas gafas. Son muy cumplidos algunos. Sonrisas y ya está. Qué les vas a decir. Ahora mismo estaba leyendo con las gafas para lejos, la costumbre,y qué cansancio, de nuevo picor de ojos, dolor de cabeza. Anda, las gafas nuevas... Ya por fin las tengo puestas y la diferencia es abismal. Sirva este post- agradecimiento a mis queridas gafas para cerca, que estoy como niño con zapatos nuevos.

jueves, mayo 04, 2006

El cuidado de la voz en los docentes.

Cuánto me acuerdo de los consejos que recibí durante el curso de logopedia del año pasado. Todo muy clarito y muy apuntadito en unos folios que guardo en una carpeta que nos dieron en el Centro de Profesores. Pero del dicho al hecho... Ya nos hemos olvidado de todas esas recomendaciones que tan bien nos servirían en el futuro. Ya hemos vuelto a las andadas: levantar el tono de voz, hablar en un ambiente ruidoso (no se están quietos ni a la de tres, estos alumnos), beber líquidos entre clase y clase (preferentemente agua mineral), no carraspear, hacer ejercicios para tonificar los músculos etc. etc. etc. Olvido de casi todo, menos de la botellita de agua. Menos mal. Carraspeo menos, pero sigo de vez en cuando con el dichoso querer aclarar la voz. Y claro, irritaciones de garganta, sin ganas de hablar al llegar a casa. ¿Por el desaliento de querer educar, a pesar de los pesares, de las irritaciones que te llevas con algunos impresentables? Ah, es que el estado de ansiedad también influye en el estado de la voz. Vamos, que no hay por donde cogernos cuando queremos desempeñar nuestra labor y no nos dejan. Es que los obligados a estar por ley en las aulas, quieras o no, son insufribles. Y tienes que seguir dando clase en esas circunstancias, no los puedes mandar al pasillo eternamente. Castigos, llamada a sus padres, diálogo...expulsiones a casa... Vuelven y compruebas que no ha servido para nada. Estamos a final de curso y tenemos la responsabilidad de dar un programa en esas condiciones adversas. Ellos, los camorristas lo saben. Y tú a tejer con esos mimbres... A tragar agua...o bilis.