miércoles, agosto 27, 2008

Lectura del 12 de agosto con calor.

Ya no estoy en Galicia como yo querría, disfrutando de aquellos paisajes, esa lluvia y hasta ese fresquito que tanto añoro. Me volvería convenciada de que iba a estar en mi salsa. No con estos calores, que yo no lo resisto, pero me tengo que aguantar porque toca pasar calor, como está mandado en agosto. Qué mejor lectura, ya digo: con calor, que este libro de Daniel Arenas PERDÓN POR ENSEÑAR, editado en Brosquil, de Valencia. Si es que su título me llamaba a gritos desde la estantería de la librería a donde fui a por el periódico y acabé llevándome los dos, el periódico y este libro mitad novela mitad ensayo de docente harto pero harto del sistema de enseñanza. Entonces no lo parecía, por el título creía que iba de actitud sumisa del profesor ante la audiencia; pero no, es la actitud del cabreado que está cansado de la dejación de funciones del ministerio, de esa indefensión del docente ante la sociedad cada vez más vandálica. Contra esa sociedad va la diatriba y a la vez, humilde que es aún quejándose el autor, pide perdón por desahogarse de esta manera. Meditada manera, muy educada que pide perdón y todo pero que hace aflorar ese cansancio, ese agotamiento personal frente a los alumnos, muy pero que muy salvajes y zopencos a veces; los padres, los inspectores y equipo directivo, pero sobre todo frente a la tontería imperante en la manera de abordar los problemas que surgen ante la aplicación de la LOGSE. Porque esas eminencias que gestaron la reforma en buenos despachos, fresquitos, lejos de las aulas, de los alumnos y sus problemáticas, todo muy bonito y teórico, esos C. Coll y Álvaro Marchesi entre una buena caterva de ausentes de las aulas, no contaban con esta desbandada, con estos problemas, con tanto dolor que causarían en los docentes que tenían ilusión por lo novedoso de la Reforma, que eran innovadores, que querían trabajar duro para subir el nivel del alumnado. No ha salido nada bien y ahora a recoger los platos rotos. Y la moral, por los suelos también. A pesar del calor, me he sentido identificada en lo que cuenta. No hemos vivido la misma circunstancia pero estamos en el mismo barco. Él, como catedrático de instituto en un I.E.S valenciano, sabe que no hay que esconder las miserias, ni esconder la cabeza sino que tenemos que ser críticos y ante todo, crítica constructiva, para hacer que mejore nuestra labor como enseñantes y exigirle a las altas personalidades del mundo de la educación de este país, que luchen por una educación de calidad apoyando al profesorado, quien en última instancia está solo ante el peligro. Este ejemplo de un profesor que ha dado un paso al frente y ha mostrado su quehacer diario tendría que darnos que pensar. Y sobre todo con valentía, a cara descubierta. Animo a que lo lean. Ya digo que no es solo ensayo sobre el sistema educativo, es también una novela maravillosa sobre la vida de estudiante de ese profesor, sus recuerdos de su publo, la gente con la que convivió en esas etapas estudiantiles, las vueltas que dio su vida, etc. Me ha gustado esa manera de novelar que denota una gran sensibilidad sobre todo el mundo de la infancia, su infancia.