martes, septiembre 06, 2005
"Messenger" molestoso.
No les gustaba usar el "messenger". A ninguno de los dos. Lo odiaban. Sí ,esa espera del mensaje de uno tras el mensaje del otro les agotaba la paciencia. Y tenían prisa por comunicar rápido lo que que se iban a decir. Y pasaba como con el teléfono, que se estaban despidiendo, mandando besos y abrazos y de repente se acordaban de lo de esta mañana y hala, venga, a contar lo que había pasado esta mañana. "Oye, me tengo que marchar", y salía otro tema que estaba en el tintero y ,que por asociación con no se sabe qué cosa, pues sale a la palestra y más charla que te crio...
"Nada de "messenger", me oyes, mañana me envías un "e-mail" y me cuentas de corrido todo lo que quieras, que yo lo leeré y luego te contesto lo que me dé la gana escribirte. ¿No sabes que voy a la carrera y no tengo tiempo ni de conectarme? Pues lo sabes de sobra, te haces el bobo y nunca me escuchas cuando te hablo. Estamos de exámenes y me muero por salir a la calle a respirar un poco después de los tochos de libros que me meto entre pecho y espalda. Como si fuera nuevo para ti..."
Para qué le iba a escuchar, si lo que quería él era hacerle rabiar, según su costumbre. Si no quieres caldo, toma tres tazas y santas pascuas. "A mí me vas a venir con exigencias del guión".
Un cuento en la siesta.
LLevaba un buen rato intentando que se viniera a dormir la siesta y no lo conseguía de ninguna manera, así que se me ocurrió invertir los papeles: yo iba a ser la hija de tres años y ella la madre.
-Bueno mamá, -tú eres la mamá ¿vale?-, mamá no me duermo si no me cuentas un cuento largo, largo ,largo.
-Hija, qué cuento quieres...
-Da igual, el que tú te sepas bien, mamá.
-De acuerdo, te contaré Peter Pan. ¿Ese te gusta? Sí, pues te cuento Peter Pan ,para que te duermas de una vez.
-Mamá, que sea un cuento muy largo y muy bonito.
-Preciosísimo va a ser este cuento, hija. Tú escucha lo que le pasó a Peter Pan.
-Mamá, pero no te vayas a dormir tú hasta que no se termine el cuento, ¿eh?
-No, no, no me dormiré.
-Empieza el cuento ya mamá, que tengo mucho sueño.
-Esto era un niño,se llamaba Peter Pan, y había otro que se llamaba Peter Pan, y otro también Peter Pan, y otro Peter Pan, y otro llamado Peter Pan, y uno más llamado Peter Pan. Eran muchos Peter Pan. Y había un niño, y otro niño, y otro niño, y otro niño, y otro niño y otro niño llamado Peter Pan, no, no se llamaba así, y otro niño más. Muchos niños y ya se acabó el cuento de Peter Pan ...¿te ha gustado la historia?
-Huy, mamá, qué sueño más grande tengo, me quiero dormir, me gusta el cuento de Peter Pan, pero tengo tanto sueño...
-Pues a dormir, venga, a dormir, que ya se ha terminado Peter Pan y te tienes que dormir. Venga, duerme, duerme y no te despiertes hasta que yo venga.
Y era verdad. Con tanto oírle repetir Peter Pan para arriba y para abajo, la niña(o sea yo misma haciendo de hija en la representación siestera) tenía un sueño bestial; me caía por momentos y mis ojos se cerraban como si fueran losas pesadas. Ella, más fresca que una rosa, después de dejarme agarrada a la almohada sin fuerzas para sujetarla en su estampía, salío de la habitación a oscuras y se fue a ver los dibujos de las Super Nenas o quien diablos estuviera viendo su hermana en la televisión de la sala. Altísimo ,para esas horas . Volumen que seguiría así durante la siesta hasta que su padre viniera a decirles que "más bajo". Ellas a lo suyo y mamá fuera de combate.
¿No era el mismo caso del cazador cazado? Pues así me sentí cuando desperté, después de soñar, cómo no, con el inefable Peter Pan.
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