sábado, enero 22, 2005

Eloísa está debajo de un almendro

Ese es el título de mi inspiración en este blog.¿Qué cómo se me vino a las mientes semejante título de teatro del absurdo? Pues por lo mismo que se me vino el recuerdo de aquel día que me preguntaron: ¿de qué te vas a disfrazar? y contesté sin pensarlo: Yo, de pistacho.Me pongo media cáscara de pistacho en la frente y ya voy distrazado. Si no nos dejamos llevar por nuestro inconsciente ¿nos vamos a fiar de la parte consciente que no hace más que puñetearnos todo el tiempo???? Vamos a releer esa obra de teatro de Jardiel Poncela y a reírnos un ratito...

Ella se reía con el aparato de ortodoncia...

LLamaron a la puerta y fui a abrir inmediatamente.Subieron las escaleras y llegaron a donde yo estaba esperando sujetando la pesada cancela de hierro.Saludos,presentaciones y sonrisas.Venían dos,en esta ocasión,un hombre y una mujer.Esta se sentó la primera cansada por el esfuerzo de subir tanta escalera fatigosa.Sonrió con timidez y apenas pude ver su aparato de ortodoncia que era tapado con dificultad.Hablamos y hablamos pero ella apenas sonreía.Miraba la estancia como si algo le preocupara y no supiera bien hacia qué lado observar con detenimiento. Me levanté para ir a a la cocina y traer unas bebidas cuando ella me sugirió un poco de agua bastante fría. Traían mucho calor desde la calle y el sofoco le hacía respirar agitadamente. Estuvimos mucho rato conversando y no tenía ni la más remota noción del tiempo cuando se marcharon. Ël se sentía desinhibido y hablaba y hablaba de cada cosa con un desparpajo que me parecía sospechoso.Quedamos en volver a vernos y mantener contacto más a menudo.Ella, al sonreír por segunda vez,dejó ver completamente su aparato de ortodoncia sin pudor.Había cogido una leve confianza con mis palabras halagadoras de su magnífica silueta.Era muy gruesa en la época universitaria,cuando nos habíamos conocido ella y yo.Habían pasado más de diez años y cada uno de los dos habíamos seguido rumbos muy diferentes.Se puede decir ´mejoró con los años en el aspecto externos pero se sentí por dentro muy poco atractiva.Parecía que estaba sin nada que decirme,todo lo contrario de su marido,el parlanchín dicharachero que no dejaba meter baza en la conversación. Me parecía todo muy extraño;Esther era mi mejor amiga y ahora parecíamos dos desconocidas.Fue una visita muy esperada y que me dejó una sensación de vacío y tristeza el resto de la tarde. Estoy comprobando que a mí por las tardes no me pasa nada bueno...