viernes, marzo 23, 2007

Quentin Blake.

Me ha encantado encontrarme con los dibujos de Quentin Blake. Ya ni recordaba el nombre de su autor, pero cómo olvidar esta manera de dibujar, ese humor en la expresión, esa sencillez de trazo y esa maestría en la sugerencia. Me recuerda mucho, cuando veo sus dibujos, esa época en que empecé a estudiar inglés y el libro de Penguin estaba ilustrado por Quentin Blake. Aprender inglés no fue fácil, lo reconozco. Hoy día no lo domino todavía. Me costaba horrores, a mí, que venía de estudiar francés y no encontraba la manera de aprender pronunciación. Qué sudores fríos ante aquel profesor tan serio e imponente. Pero qué buenos momentos pasando la mirada por las ilustraciones en blanco y negro de ese genio del dibujo en tono de humor, que me hacían más llevadera la tarea de los ejercicios de gramática inglesa. Un hurra para Quentin. http://www.quentinblake.com

sábado, marzo 17, 2007

Agustín Fernández Mallo

Viene en El Mundo un artículo de David Torres sobre Agustín Fernández Mallo, el novelista de moda. Qué éxito el conseguido con ese título extraño NOCILLA DREAM. No he leído esa novela que parece ser ya la que marque la senda a seguir por los novelistas que quieran innovar y resultar más creativos que ninguno. A tortas los veo por seguir su rastro. Todos hablan maravillas de este físico poeta metido a novelista de éxito. ¿Lo tiene todo? Pues parece ser que sí, que ya tan joven ha alcanzado este reconocimiento por unanimidad. Ay, cuántos envidiosos le mirarán y remirarán con esa mirada especial que se tiene en los actos culturales, cuando otros son los que presentan su libro y no ellos. El eterno menosprecio al que ha tenido más suerte y era menos conocido que ellos. Los que mueven el cotarro no darán crédito. Como en el cuento de La Cenicienta, el príncipe no se ha quedado con las hermanastras y se ha ido tras el rastro de un zapatito de cristal. http://www.elcultural.es/HTML/20070104/Letras/Letras19442.asp

viernes, marzo 16, 2007

Bloggers somos todos.

Qué risa. Me he lanzado a buscar el blog del taxista budista de Nueva York que sale en El Mundo(www.buddhacab.com) y me he pasado un buen rato leyendo y viendo fotos del ya famoso taxista. Más de uno hará lo que yo he hecho: cotillear en su blog y ver qué se cuenta desde su perspectiva dentro de un taxi. Fotos de edificios, unas pocas, hasta él comiendo un croissant en un descanso de tanto ir de acá para allá en el trasiego urbano. Yo es que estoy ya enganchada a esto de leer blogs, cuando me deja mi maldita conexión que la pierdo en menos que canta un gallo. Hace un rato puse un nuevo post en Cochambre inaudita y cuando fui a ver me había desconectado y ya me estaban llevando los demonios. Creía que se había perdido el relato, que no es que fuera nada del otro mundo pero me había costado el trabajo de escribirlo. Pero no se había perdido, porque luego pude comprobar que allí estaba y que unos pocos bloggers lo estarían leyendo porque en el contador de visitas salían: Madrid, Alicante y Málaga. Nadie opina nada así que no sabemos qué les habrá pasado por su cabeza tras leer mi última ocurrencia de viernes hartita de clases de educación secundaria. Hay que verlo todo. Si ese taxista cuenta cómo le va la vida en Nueva York, lo que encuentra en su diario trabajo, cómo no nos vamos a desahogar nosotros, si es que se está poniendo de moda el bloggeo a diestra y siniestra. Pues nada como soltar nuestros sapos y culebras aquí y ver que reconforta el ánimo. Nos ahorramos una pasta en diván de psicoanálisis.

sábado, marzo 10, 2007

Eduardo Galeano.

La primera vez que oí hablar sobre Eduardo Galeano fue en la facultad. Un profesor de Literatura Hispanoamericana dejó caer su nombre y una recomendación de lectura:LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA(1971). Recuerdo que anoté su título. ¿Cuándo tendría tiempo de leerlo con la lista enorme de títulos obligatorios que teníamos en todas las asignaturas? Y eso sí que acatábamos. En Filología qué ibas a hacer si no leías las listas de libros de los que te examinarías en junio. Claro que leía entonces. A todas horas, no sólo en castellano, sino en latín (Ay Catulo), incluso en francés (por Dios, qué martirio leer a Proust en francés, con el diccionario echando chispas y teniéndote que preparar un examen de su lectura). Entonces la obligación resultaba odiosa. Poco tiempo para saborear las lecturas y eso que andaba prácticamente todo el día con un libro pegado a la mano. Con ese profesor de Hispanoamericana que nos contagió su adoración por algunos autores de los que no habíamos oído hablar nunca, aprendimos mucho de escudriñar el texto. Le dábamos un buen repaso a todo el que caía en nuestras manos. "¿Y tú qué opinas?" se dirigía a ti y le tenías que contar las sensaciones que te produjo la lectura de Juan Rulfo o José María Arguedas. Nombres tan lejanos, de los que no sabías nada, ateniéndote al texto, opinando con la frescura del que es sincero exponiendo su punto de vista de lector que no se casa con nadie, que opina con toda la libertad del mundo. Aunque esté quedando como un inculto que no sabe apreciar la grandeza de un escritor. Pero ese era el método. La intuición, lo que nos pareciera a nosotros, porque nuestra opinión contaba, era lo que se nos pedía. Nada de repetir como un papagayo lo que ya venía en los manuales de literatura. La espontaneidad, la frescura del que lee y quiere compartir con los demás sus apreciaciones a propósito de un libro. Esa dinámica hizo que nos interesáramos por todo lo que nos recomendaba desde su asignatura. Le recuerdo dándonos la lista de libros obligatorios para ese curso y dando a entender que ya tendría ocasión a lo largo del curso de proponer otras lecturas aconsejadas, muy recomendables para el que estuviera interesado en algún escritor de los propuestos. Hoy estoy leyendo otro libro de Eduardo Galeano titulado EL LIBRO DE LOS ABRAZOS. Me gustó nada más ver su portada en la librería, por la que iba desganada buscando libros que no estaban. Mira por donde me encontré con Eduardo Galeano en Siglo Veintiuno y hojeando un rato, vi que parecía interesante. Me lo traje el sábado pasado y le hinqué el diente ese mismo día. No podía esperar ni ponerlo a la cola de los que no he leído y yacen en los estantes un poco mosqueados conmigo. Otra lista muy diferente a las acostumbradas en la facultad, cuando era obligatorio leerlas. Y por gusto, no lo estoy leyendo página tras página, sino dando saltos, leyendo de manera caprichosa, saboreando su lectura, sin prisa de ninguna clase. ¿No es envidiable leer así? Así es como se llega a conocer un poquito mejor a un autor. Leyendo por el puro placer de leer a un autor grande, original, con tanto que contarnos, que no nos aburre nunca. Da pena ver que se acaba y no tiene una continuación. Eso me pasa con los libros del grupo A: los que me llevan a una relectura las veces que mi encaprichamiento quiera. http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/el.libro.de.los.abrazos/index.html

sábado, marzo 03, 2007

Angela Vallvey dixit

"Por mucho pedigrí que quieran tener algunos, realmente el franquismo condicionó sociológicamente a mucha gente. Vivimos todavía bajo los efectos de cuarenta años de copla y nacionalcatolicismo, en una sociedad que era muy precaria y sigue siéndolo" Me encontré con estas palabras de Angela Vallvey en la revista "Tiempo", paradójicamente atrasada, que encontré casualmente entre un montón de apuntes. Del 2005. Y no había leído nada entonces. La dejé para mejor ocasión y se me olvidó entre los apuntes y nunca más se supo de ella. Hasta ahora que mira por donde tengo ocasión de leer a propósito de su libro LA CIUDAD DEL DIABLO algunas claves para entender esa novela. Tampoco la he leído, así que no está mal el encuentro. Me ha picado la curiosidad leerla. Como articulista, me parece genial. Es muy ocurrente y tiene un estilo dicharachero y ameno. Divertida. En el artículo de esta semana, también es casualidad que lea en "Mujer hoy" esa crítica a los que andan pegados a su móvil o al GPS como si no supieran vivir sin esos aparatitos. Una escritora muy lúcida que sabe dar en el clavo. Como observadora social, merece una medalla.