domingo, junio 11, 2006

Libros que vamos leyendo.

En mi otro blog hablaba de mi interés por David Lodge http://www.lacoctelera.com/meritxellgris/post/2006/01/25/acuantos-conocen-david-lodge-#c284516 Ahora vengo con otro autor que me interesa muchísimo y del que tengo toda su producción. ¿Cómo es eso, toda, toda? Pues sí, tanto me gusta que me he hecho con las tres novelas que componen su producción novelística hasta la fecha. Se trata de Frank McCourt, el autor de Las cenizas de Ángela, Lo es y El profesor. Ahora no me quito de las manos su última novela que por lo visto presentó en Madrid y que yo ni me he enterado ¿qué estaría haciendo tan importante que ni me he percatado de su presencia por aquí? Ah, que no han informado en tv porque no es un autor de multitudes...ya, lo de siempre. Que venga el del Código ese tan best seller y ya verás como arrasa en todas las cadenas. Como dicen los italianos:Porca miseria. El Profesor es un libro que dice muchas verdades que los profesores notamos y en silencio sufrimos. Más o menos como las hemorroides. De eso no muere nadie, pero fastidian un montón. Ese malestar de las aulas, ese acoso permanente al profesor por la falta de consideración social, por la dejadez de la administración que ve cómo el cuerpo de enseñantes están hechos a todo y lo soportan estoicamente como mejor pueden. Y ni una queja que es peor. Es lo que hay. Allí, en Norteamérica y aquí, todo igualito igualito. ¿Vamos siguiendo los pasos? Pues puede que sí, yo qué sé. McCourt cuenta su experiencias en las aulas de Nueva York y es como si nos abriera una ventana de aire fresco a todos los que respiramos el aire putrefacto de algunas aulas. Él pasó por experiencias malas y eso no pudo con su ilusión por enseñar, no se amilanó ante las dificultades, los desprecios, la falta de consideración y la imposibilidad de que atendieran medianamente en sus clases diarias. Se sirvió de un recurso que suele enganchar al alumnado: les empezó a contar cosas pasadas de su vida en Irlanda, de su infancia desgraciada con su familia de pobres pobrísimos. Por ahí fue captando su atención y los alumnos iban viendo desfilar por las clases una serie de personas relacionadas con el autor a la vez que aprendían el arte de la narración que tan exquisitamente dominaba su profesor. Y sin darse cuenta, disfrutando de las historias narradas iban siendo más educados y sensibles gracias a la habilidad de un profesor que afirmaba que solo sabía que no sabía nada y les dejaba los ojos a cuadros cuando le escuchaban afirmar semejante barbaridad. Me ancanta cómo narra a toro pasado su experiencia en las aulas. Treinta años de su vida dedicados a los adolescentes americanos sin tiempo para leer lo que le apeteciera, sin tiempo para vivir medianamente despreocupado, intentando mejorar su capacidad de enseñar y de llegar al corazón de los jóvenes que no irían a la universidad, que se quedarían en trabajos como fontaneros, carpinteros etc. Ellos, más tarde, le darían la idea de recoger esas historias de su vida en un libro y gracias a ellos fue posible. Hoy, afortunadamente, podemos saborear su prosa cuidada e irónica, con numerosas reflexiones agridulces sobre la vida que le tocó vivir, que hace que simpaticemos inmediatamente con Frank McCourt una vez más, por tercera vez.

sábado, junio 03, 2006

Ti Amero - Il Divo
¿No amansa la música a las fieras? A mí, al menos, sí me amansa un poco escuchar esta canción de Il Divo mientras ando en la corrección de exámenes finales. ¡Un respiro, por favor!