sábado, marzo 14, 2009
TU A BOSTON, YO A CALIFORNIA
En este mismo momento echan por tv, en la primera, una película que me gustó cuando la vi por primera vez, hace ya la tira. Ahora mismo mi hija pequeña está viéndola mientras escribo esto (si no no me dejaría ni respirar) y no pestañea, la pobre. Alucinada de que le diga una de las gemelas separadas en la distancia que se encuentran en un campamento juvenil: "¿Tú te comes las uñas? Pues te las tienes que comer, porque yo me las como." Son tan distintas que parece imposible que una se pueda hacer pasar por la otra. La educación es todo, evidentemente.
Mi hija se rie con el enredo que han formado las dos hermanitas. Qué maravilloso sería tener una hermana gemela. A ella le encantaría. Lo que a mí no me haría ninguna gracia, porque ya da bastante tarea como para que se multiplicara por dos. Mejor como estamos.
Recuerdo que hay una versión más actual de la película que vimos juntas hace un año o dos. Pero esta versión antigua es la que le gusta más. Eso dice y eso parece.Desde luego la veo más tranquila y relajada contemplando cada escena sin rechistar. Parece mentira, ella, que no para un momento quieta.
Si yo tuviera una hermana gemela y se quisiera cambiar por mi vida temporalmente, recibiría tal lista interminable de recomendaciones y consejos que desistiría de cambiarse. No me como las uñas, pero tenemos tantas manías y exigencias sobre lo que nos gusta o no nos gusta que se descubriría el pastel rápidamente. Mejor nos quedamos en "únicas" en nuestra casita.
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