lunes, julio 14, 2008

Libros del verano.

Ahora sí tengo tiempo libre para saborear libros que esperan con paciencia que lleguen las vacaciones. En el día a día es casi imposible robar tiempo a las obligaciones cotidianas. Durante el curso escolar siempre acabo sacando algo de tiempo para leer obritas y relatos cortos, que leo disfrutando de cada palabra; generalmente después de comer, casi en la siesta. Luego viene corregir exámenes, trabajos y todo lo que conlleva la enseñanza. Hoy es el día de la profesora de vacaciones. Sí, me tengo que seguir ocupando de la familia, todo lo que es obligación. Pero ya me puedo permitir leer en cualquier momento libre como este ensayo que he cogido de la biblioteca de mi hermana, que tentas veces me recomendó y que no tenía tiempo de leer. Como una novela, de Daniel Pennac. He captado la indirecta de nuestra mala conciencia a veces con el titulillo de que no tenemos tiempo para la lectura tranquila, por el puro placer de leer, sin el agobio por un trabajo escrito, etc. Qué reconfortante esas palabras. Cómo no echar de menos mis veranos de estudiante leyendo todo lo que caía en mis manos. Visitábamos la librería como quien visita un santuario. Nos recomendábamos títulos imprescindibles y prometíamos intercambiarlos. Las lecturas entre amigas que sentían que el verano era más llevadero en la piscina con un libro apetecible entre las manos, a la sombra, mientras aguantábamos sin bañarnos en tropel. Buscábamos, de la manera que fuera, la concentración entre la gente bulliciosa y la música ambiente de los éxitos del verano. Uno de esos veranos di con un autor ruso que había en mi casa. Me puse a leer PABELLÓN DE CÁNCER, de Aleksandr Solzhenitsyn. No entendía algunas cosas, me resultaba un poco deprimente y agobiante, pero conseguí acabarlo, me interesaba el tema y su estilo narrativo. Pero también es cierto que no es el mejor libro para un verano feliz y despreocupado con las amigas en la piscina. Posteriormente me lancé en veranos sucesivos con ARCHIPIÉLAGO GULAG, también de A. S. Es decir, que volvía a la carga sobre el sufrimiento humano, mientras mi entorno era afortunadamente de lo más divertido e inconsciente. Me impresionó tanto que me avergonzaba un poco de la vida muelle que llevábamos después de haber terminado 3º de BUP. Pero se me pasaba pronto la tristeza en cuanto me zambullía con mis amigas hartas ya de sol en el agua fresquita de la piscina y armábamos el jaleo de siempre mientras hacíamos planes para la tarde eterna en aquella ciudad de provincias tan aburrida. Nos cansábamos de todo, nunca teníamos suficiente diversión. Estos días que la tv ha hablado de Solzhenistsyn no he podido dejar de recordar esos veranos nuestros, cuando creíamos que el dolor y la tristeza sólo habitaban en los libros, que nosotros sólo teníamos que disfrutar de nuestro bien merecido veraneo, aunque fuera en la piscina municipal con la pandilla.

lunes, julio 07, 2008

Milagros

Ha luchado contra un mal bicho. Se ha defendido con un valor y una fuerza sobrehumana. Era previsible que la victoria no estaría nunca ya de su mano. El desenlace nos ha dejado a todos terriblemente mal: su familia, querida hasta el límite; sus amigos, tan fieles y preocupados por ella; compañeros, siempre puestos al teléfono interesándose por su enfermedad; esos conocidos, que se informaban por mi familia, por mí misma, tan atentos y buena gente. Nosotros estamos aún que no nos creemos este desenlace tan triste, que nos deja sin fuerzas para aceptarlo. Sólo nos queda el recuerdo de ella, su maravillosa sonrisa de las fotografías de cuando era ella, cuando estaba bien. Sí Álvaro, ella era la bibliotecaria de pelo rizado que siempre tenía una palabra amable y se deshacía en risas. Luego, más tarde, cuando se dedicó a la docencia, de profesora era igual, exigente en su trabajo sí, pero muy buena amiga, muy humana con los demás y desbordando amabilidad a su paso por donde iba. Muchas gracias por tus palabras en tu blog (que Felisa nos ha avisado, porque no entrábamos en internet desde hacía tiempo. Mi hermana te apreciaba y te admiraba muchísimo. Sé que nosotros no la olvidaremos nunca, pero mucha gente la va a echar de menos y tendrá un recuerdo cariñoso hacia MIla. Por los buenos momentos vividos.