miércoles, enero 31, 2007

Miramientos.

En una película argentina que empecé a ver distraídamente cuando ya llevaría un buen rato empezada, me chocó una cosa que me gustaría anotar aquí. El protagonismo lo llevaba un hombre de unos treintaytantos años, periodista, escritor con una gran sensibilidad rezumando por todos los poros de su piel (¿sería una hagiografía esta película?), que encuentra un amor repentino en la actriz que actúa en el film que se hizo a propósito de su novela, adaptada libremente y, a veces, bastante peregrina respecto a su idea original. El escritor en cuestión estaba en un coloquio sobre esa película, acompañado por una amiga y dándose a todos los demonios, comentándole a ella que el bodrio de película no tenía nada que ver con su novela, cuando la fatalidad haga que entre en conocimiento de la actriz protagonista. Qué enredador es el destino. Se conocen de la manera más tonta, boba y absurda - como suceden este tipo de cosas en la vida real algunas veces-y desaparecen en la calle. A todo esto, la amiga del escritor se ha quedado apalancada en su butaca y solo después de la charla -flechazo de los dos tórtolos, aparece y se lleva con ella al escritor que tiene que separarse de su nueva amiga (pero ésta ya enamorada) y aquí no ha pasado nada. La amiga ni pregunta, ni quiere saber, ni nada, se marcha con él como si lo anterior hubiera sido un espejismo. El sensible escritor no se anda en miramientos explicativos y lo deja estar. Esa es la parte que me empezó a cargar de la película. Sin embargo, ahí estaba viendo de nuevo al patán en acción empeñado en buscar( en un restaurante donde trabajaba ella )a su nueva amiga que tanto le impactó :¿tal vez porque tenía novio ella y se lo había dicho? El caso es que empezaron a salir y se fueron conociendo, hasta que la relación se establece y lo que comenzó de manera insulsa y poco creíble, acabó en una gran historia de amor irrenunciable. De la otra amiga jamás se supo nada más y ahí quedó la cosa: las explicaciones, la verborrea del escritor se quedaron para cuando le convenía (menuda estrategia la de darle un libro en su habitación, nada menos que de Charles Chaplin, que les encantaba a los dos pipiolos- como buenos cinéfilos que eran, todo muy etéreo y elevado-) Es decir, que su sensibilidad se quedó en ese sentido en agua de borrajas. O yo no la vi o es que tenía un día especialmente criticón y no hacía más que verle los fallos al tipo ese. No sé cómo podemos tragarnos una película sin que nos guste la historia ni sus protagonistas y lo más importante, sin una necesidad de verla. Y ahí estamos, intentando ver lo que no nos cuentan, por ejemplo: saber qué pasó con aquella amiga que le acompañaba en el cine el día en que se enamoró. Y cuando esperamos más de lo que hay, podemos afirmar que estamos perdiendo nuestro tiempo. Sin más miramientos que valgan.

domingo, enero 28, 2007

Tiempo de nieves.

Muy bonito el paisaje nevado. Me dan ganas de inmortalizarlo unas cuantas veces con la cámara digital e incluso llego a grabarlo con la videocámara, tanto me gusta. Me paso un precioso tiempo libre contemplando lo estético que resulta el tejado de enfrente de mi casa, tan algodonoso y casi desaparecido tras la abundante nieve, y no tengo fuerzas para hacer otra cosa. Y mira que tengo que hacer cosas pendientes. Durante el viernes tuvimos bastante frío y nuestros cuerpos no entraban en calor con nada. La nieve empezó a caer de improviso y no dábamos crédito a nuestros ojos. "Vaya si nevaba, mírala como cae". Nosotros erre que erre que llovería. "Está nevando de todas todas". La nieve se asoció a la fiesta y ya no perdimos la sonrisa en el resto del día. "Qué maravilla, cómo nieva, y no deja de nevar". Un día muy feliz de inicio de fin de semana y puente de Santo Tomás, qué más podemos pedir alumnos y profesores. No quiero ni recordar cómo se quedó la entrada del instituto, con aquellas bolas de nieve lanzadas por los que salían precipitadamente a gastar una broma a su amigo que huía como alma que lleva el diablo. Risas, bromas, lanzamientos sin tregua y la nieve en todas las conversaciones. El sábado cambió la cosa. El frío era mayor, mucho mayor y no había ya nieve. Nevó un rato mientras estábamos desayunando, pero no cuajó. No apetecía nada salir a la calle con aquel viento frío que echaba para atrás. Casi nadie circulaba por la calle cuando tuve que salir. Y no tardé nada en volver a recluirme en casa, en la calidez ambiental como el refugio perfecto. Hoy todo cambió: ni frío, ni nieve, ni viento. Un día invernal pero bastante más agradable, que nos permitía ir por la calle, tranquilos, con el abrigo, por supuesto, pero sin la prisa por refugiarnos bajo techo como ayer. Daba gusto estirar las piernas y ver que mucha gente había pensado hacer lo mismo y se demoraban al sol, atrapando cada rayo y saboreándolo como se merecía este sol del invierno.

lunes, enero 22, 2007

Aturullamiento.

Hemos viajado esta mañana entre la lluvia inesperada ("Pero si decían que iba a hacer buen tiempo en todas las cadenas", decía mi marido cada cuarto de hora) y entre la precipitación de tener que planificar bien la mañana (" ¿Qué hacemos primero, vamos a este sitio o al otro?" interrogaba yo como sonámbula). Tuvimos que hacer varias paradas, entre ellas una en el lugar más imposible de todos, que mi marido dejó claro mientras se ponía el chaleco de color verde fosforito. La niña se ponía mala, iba a vomitar, que vomitaba...Me bajé del coche y por poco no me caigo por un terraplén para completar el cuadro a esa hora de la mañana. LLovía, estaba agobiada por no caerme de nuevo, tenía que llevar pies de plomo, sujetaba la frente a la niña, procuraba quitar el cinturón de seguridad y no podía, hasta que pude y fue entonces cuando me resbalé el pie. ¿Cómo logré que no se manchara ella ni la tapicería del coche? Un misterio, un gran misterio en este caso gozoso. A pesar de mi aturullamiento, todo salió bien y llegamos a nuestro destino, me puse otra vez con la duda de si antes eso o lo otro, pero acabó siendo lo otro antes de lo que yo quería. Daba igual. Vinimos de vuelta muy contentos por cómo habían salido las cosas, ya con sol y con mi oreja izquierda achicharrada, porque me iba dando el solazo. La niña iba tranquila viendo un DVD de los Picapiedras. Qué gran invento esto para la chiquillería. Me entraba sueño, el sueño que nunca perdono a esa hora de la siesta, pero me aguanté y disfruté de la vista de un paisaje muy distinto al de la ida, lleno de contratiempos, malos pensamientos y tan lúgubres como el cielo que descargaba esa tromba de agua poniéndonos de peor humor. Ese verde verdísimo junto al cielo más azul me estuvo distrayendo gran parte del camino de vuelta a casa. Yo y mis pensamientos bastante rato. El resto del tiempo charlando de lo que teníamos que hacer mientras oíamos a Pedro Picapiedra hablando con Wilma, más o menos con sus problemas cotidianos, como nosotros.

jueves, enero 18, 2007

La cercanía de un escritor.

He tardado unos cuantos meses en terminar de leer El amigo Manso, de Galdós. La razón es bien tonta: no me lo había traído a mi casa después de pasar una semana en una visita familiar. No tenía el libro, no podía continuar su lectura, así que se quedó esperando su argumento en lo más interesante. Y yo me moría por ver en qué paraba toda aquella historia del señor catedrático enamorado de una jovencita medio discípula suya. Por fin, he podido retomar el hilo de su narración durante estas navidades. Cómo me hubiera gustado que tuviera una segunda parte este libro también; lo ponemos en esa larga lista de libros que no me importaría que no se terminaran nunca. Qué lástima me da ver su última página y saber que ese personaje que nos entusiasmó se quedará allí callado y sin nada más que ofrecernos de su vida ficticia. El cariño que nos suscitan algunos personajes es muy parecido al que nos producen algunas personas que conocemos casualmente en un viaje, por ejemplo, y que sabemos que nunca más volveremos a encontrar; no sabemos nada de ellos y nos parecen tan cercanos, tan conocidos de toda la vida, mucho más que gente que tratamos a diario. ¿Quién me dice a mí que no me parece real este personaje de Galdós, al que he estado escuchando durante la lectura de esta novela, como si fuera alguien muy conocido por mí que me hace una confidencia personal? Eso es lo que he sentido cuando finalicé la obra: una cercanía de su autor difícilmente superable en la vida real. que por falta de tiempo nos quedamos en el relato anecdótico, deprisa y corriendo, y sin demasiadas profundidades que ya nadie tiene ganas de escuchar y menos de relatar.

miércoles, enero 17, 2007

Los enlaces.

Bueno, lo de escribir escribir vemos que no, que sigo con el remoloneo. Se me ocurrieron unas cuantas ideas ayer mientras cocinaba, pero cuando fui a por un bolígrafo y después a por un trozo de papel vi que aquello no era posible entre el humo, la campana a todo meter, ese ruido infernal de mi campana ( no, no es como la del anuncio de tv que sale el pajarito y sólo se le oye al pobre incauto; la mía es de las que provocan dolor de cabeza). Me quedé quieta, ya ves, prefiero que salga la comida en condiciones, porque no se puede estar diciendo misa y repicando las campanas-nunca mejor dicho en mi caso-. Por lo que se me olvidó la genialidad que iba a poner por escrito. Ya ni rastro de lo que se paseó por mi cerebro en ese preciso instante. Qué pena que la humanidad pierda ese texto que nunca se llegó a escribir. No por falta de ganas, ya digo. Lo que son las cosas. Esta tarde he aprovechado para poner los enlaces, que es una cosa facilita ahora con la nueva versión de Blogger. Antes, con los templates era un lío morrocotudo que acababa con mis nervios. Así que, Gatito, Elbucaro, Gallud y Santino sois los primeros en aparecer en el sitio de honor. Pero pienso ir incluyendo algunos más que también suelo leer en cuanto puedo, que me parecen buenísimos blogs, para mí imprescindibles si quiero pasar un buen rato por aquí. Espero que no estéis demasiados traumatizados por lo de Farruquito, que parece que no hay mayor desgracia en el país de nuestras entretelas. Yo tengo los ojos con conjuntivitis después de ver su entrada en prisión en todas las televisiones, que parece que lleva un siglo y nos ha sobrevenido la desgracia al género humano. Bueno, nos reiremos un poco con esta España de pandereta que todavía no se ha ido ni piensa en irse gracias a los periodistas que tenemos allá donde miremos.

sábado, enero 13, 2007

Sin lista de propósitos para el nuevo año todavía...

Vamos a cumplir dos años pronto en este blog y qué mejor manera que poner unas cuantas cosas que tendré presentes en este año y que no puse antes; no porque no las pensase como todos, sino porque parece que sentarme a escribir aquí me produce urticaria, por lo poco que me apetece. No vamos a ser menos que el resto de los que bloggean por ahí y dejo a continuación mi lista: 1.- Escribir diariamente como ejercicio de escritura que, como dice Gallud en Humoradas http://humoradas.blogspot.com siempre viene bien. Lo he leído en alguno de los posts que me acabo de leer ayer, todos seguidos, y sin empacho; para empaparme de lo que es un escritor que tiene temas para dar y tomar y no le hace ascos a nada, porque todo es posible y de todo se puede hablar o contar en un post. Qué manera de sorprender al que se aproxima a su blog. Y la sonrisa, como mínimo, siempre se queda en nuestros labios durante un buen rato. 2.- Visitar a los bloggeros que admiro, que me encantan en algunos casos. Ya daré la lista completa otro día, es que tengo que buscar sus direcciones porque las tengo desperdigadas. Bueno, pues eso se acabó: me propongo poner de una vez los dichosos enlaces, que ya está bien de hacer el vago en eso también. 3.-Lo de escribir no va a ser el día completo, como es de suponer; hay que seguir con la saludable afición por la lectura. Como sea tendré que hincarles el diente a esa larga lista de libros pendientes que he ido acumulando "para mejor ocasión". La ocasión es esta: a leer se ha dicho, es una orden. O me pongo las pilas de una vez, o me quedaré con las ganas de saber cómo escriben tantos escritores que me tienen intrigada. El año es largo, y digo yo que podré dar cuenta de alguno de ellos. 4.-Telefonear a gente que tengo abandonada a su suerte. Y no creo que les vaya mal , pero un saludito siquiera hombre... 5.-Cartas, e-mails pendientes uf, unos pocos también. Si llegáis a leer esto, disculpad el retraso. No he felicitado las fiestas navideñas a nadie más que a la familia. Las amistades me saben perdonar porque ya lo he hecho en otras navidades: siempre ando disculpándome después en pleno enero, como ahora. Pues esto se va a acabar también. 6. En el trabajo, por la calle, allá donde vaya iré con mi trato exquisito que dará que hablar. Nada de malas caras como si me doliera una muela; en el 2007 hay que ir con la sonrisa puesta como si viniéramos del dentista de blanquearnos la dentadura. Eso, como mínimo. 7.-Películas por ver: bastantes están esperando, como los libros, que les eche los ojos encima... Se verá todo lo que se pueda y mis ojos aguanten. Ya iré dando cuenta de qué películas tengo ganas de ver en el cine, cuáles en casa, etc. Aunque hoy fui a poner el DVD y yo no sé qué habrán hecho estas criaturas con tanta película infantil, que vete a saber si funciona ya. Todo tiene arreglo y se arreglará. 8.-Como esta es la lista del optimismo, se ve que hago intentos por ver el mundo de color de rosa. Pues que me dure esto todo el año: me concentraré para que pueda más la botella medio llena que la vacía. 9. - Y que no me compre ninguna cosa más en las rebajas, que deje ese consumismo para el 2008, que por un año me contenga y pase de tantas cosas que no me hacen ni maldita la falta. El armario abarrotado me lo está exigiendo con cara de pocos amigos. A ponerse lo que hay y a dejar tranquilos los escaparates de las tiendas. 10.- Mi agenda está para algo ¿ a qué espero para dejar apuntado las cosas que tengo pendientes? Pasar teléfonos y direcciones es una tarea de todos los años. Y esas citas médicas y esas fechas especiales que no puedo olvidar...Porque me da de todo cuando olvido cosas que tenía que tener presente y que mi querida agenda me recuerda sin ningún problema. Esto va a ser lo primerísimo que haga en este justo momento. Vamos a ponernos a trabajar en ello, como dicen tantos en política y que parece el cuento de nunca acabar.