lunes, junio 25, 2007
Pendiente de una llamada.
Mientras espero una llamada que se producirá de aquí a nada, no se me ocurre nada mejor que escribir cuatro cosas para matar el tiempo. Primero telefoneé con el ánimo de solucionar un problema y no di con la persona adecuada. Toca esperar, pues esperamos con la impaciencia típica de la que yo tampoco me voy a librar. Tengo muy cerca un libro de Mario Benedetti titulado PRIMAVERA CON UNA ESQUINA ROTA y me he puesto a leer mecánicamente a la espera del sonido del teléfono. Llevo ya sesenta páginas de densa historia, muy acongojante esto que nos cuenta de lo que pasó en su país latinoamericano y como veo que la espera puede durar horas dejo el libro aparcado por un momento y quiero evadirme de la pesadumbre que me producen esos sucesos tristes ( un encarcelado por motivos políticos, una niña privada de la compañía de su padre, una mujer desesperanzada etc.) y miro distraídamente un "Hola" en lo que predomina es justamente lo contrario: qué bien les viene todo en la vida a algunas personas que hacen un pacto con el diablo y no envejecen nunca, qué chollo más grande pertenecer a ese hatajo de frívolos consumistas estupendos cuya única preocupación en la vida es recibir pocos radicales libres y sentirse frustrados si ven una arruga en su frente. Sus yates, sus mansiones están ahí para aminorar tanta frustración de sus vidas estúpidas, gracias al cielo. Me reconforta saber que el dinero no da la felicidad, a pesar de todo. No lo iban a tener todo a su favor, decimos los envidiosos en nuestro fuero interno. Es que los juguetes nos gustan a todos, a pesar de que eso no lo diremos muy alto a los cuatro vientos, no vayamos a ir al mismo saco de estúpidos consumistas. Vade retro. Volvamos a lo sustancioso del libro. Mejor será porque la tontería es muy contagiosa, pero que mucho...
El libro de Benedetti me hace sentir la vida real, la vida tal como sucedió en ese Uruguay tan lejano en el que llegaron a suceder horrores y del que la gente salió como salió. Tanto que contar y de tantas maneras. Recuerdo que este invierno, en esas interminables horas de clase con la variedad más absoluta de alumnos,
leímos un fragmento en la clase con ellos. Venía en el libro de texto de la asignatura de Lengua Castellana de 2º de ESO: El capítulo de"Beatriz.(Las estaciones)". No conocía ese libro, aunque me sonaba. La lectura me encantó. Me hizo saborear cada palabra y me imaginé una niña desvalida que se quiere hacer la fuerte. Añoranza, nostalgia, tristeza. Los alumnos captaron perfectamente esas sensaciones que se transmiten con las palabras del texto y recuerdo esa sesión como una de las mejores del curso. Hubo silencio absoluto, y ya es difícil que tal situación se produzca en las clases. Y menos con la lectura y la comprensión lectora. Sin embargo, les gustó mucho el fragmento del libro ( hasta los revoltosos, que no dejan explicar en clase, estaban como petrificados...) y estuvimos trabajando con él, sin que nos diéramos cuenta de la llegada del recreo; se había pasado tan rápida la clase con Mario Benedetti y su Beatriz que me apunté su título para conseguir el libro en la librería. Hoy lo estoy leyendo y se me ha pasado a mí el tiempo volando en su compañía, no dándome cuenta de que la llamada de teléfono que espero ya no se producirá hoy, a estas horas.
viernes, junio 08, 2007
Películas de los ochenta. La mujer flambeada.
No puedo recordar en qué año vi La mujer flambeada, de Robert Von Ackeren. Ni el cine en que la vi ni con quién. Es como si el recuerdo se detuviera exclusivamente en los planos de Gudrun Landgrebe y Mathieu Carrière, ambos bellísimos, buenísmos actores y ¿cuántos los conocen fuera de Alemania? Pocos, la verdad.
La película me gustó mucho después de sorprenderme en gran medida. Me la apunté en la agenda de las películas favoritas y ahí quedó la cosa. Más tarde me encontré con el libro en una biblioteca. Mira qué bien, me dije, veamos si hicieron una buena adaptación. Lo leía con mucho entusiasmo en cada momento libre que tenía entre estudio y estudio (andaba en exámenes finales de la carrera y me servía de relax absoluto rememorar esa historia vista ya en la película). Me encantó también y fue a parar su título a la misma agenda en la sección de libros favoritos.
Me olvidé de película y libro y hoy, vete a saber por qué razón, me ha venido a la cabeza ese título. No sé si existe en vídeo, pero no me importaría volver a ver la película, para ver si con el paso de los años sigue siendo una de mis favoritas o ha perdido comba. El libro se quedó en la biblioteca pero todo tiene solución con Lacasadellibro o similares. Este rastreo por internet es justo lo que yo necesitaba para estar relajada en mi tiempo de ocio; sobre todo después de corregir exámenes sin cuento y tener los ojos medio cegatos de tanto leer.
jueves, junio 07, 2007
Optimismo de Coca-Cola.
La otra noche caí derrumbada en el síllón, el mejor sitio donde me quedo dormida ipso facto (iba a decir en un plis plas pero me he contenido) . Nada más sentarme pasaban por televisión el anuncio de Coca-Cola con su optimismo a cuestas. Me quedé embobada mirando con el entusiasmo en los ojos, a la vez que en los oídos. La música es de Simple Minds (Don´t you forget about me). Gracias, Google, por proporcionarme la respuesta. No recordaba quién la cantaba y acabo de consultarlo. Hacía años que no la escuchaba por níngún sitio y van los de Coca- Cola y la sacan del baúl de los recuerdos. Me sigue encantando esa canción. Ya ha llovido desde que esa banda la compusiera. Pero está intacta en su perfección. Maravillosa.Yo pertenezco a esa generación de la que habla y por eso me ha tocado la fibra sensible.http://www.youtube.com/watch?v=puYuR7vVVo0 Ah, pero una matización: hemos sobrevivido mejor los de cuarenta que los de treinta...¿O no? Estamos tan campantes, después de hanto hándicap que nos hemos tenido que echar en las espaldas.
"No bebes para olvidar, bebes para disfrutar". Hala, dejad la cervecita y el tinto quitapenas y dadle a la botella de Coca-Cola. Bien fría en estos días agobiantes, por favor. Y que suene bien alta la música de fondo (lalala, lalala,lalalaaaaa)
lunes, junio 04, 2007
Eduardo Mendoza.
Acabo de leer en El País de hoy lo que dice Eduardo Mendoza ("Refundación") a propósito de los mencheviques, con esa guasa que tiene que salir por donde sea. "Tras el triunfo de la Revolución, estuvieron a favor y en contra de la colectivización y de que el nuevo régimen fuera demócrata o dictatorial. El partido contaba con una fracción conservadora, otra extremista y otra moderada. Lenin, que no era un tipo dubitativo, les resolvió todas las dudas de golpe. Primero los borró del mapa y luego mantuvo vivo su recuerdo a base de denuestos."
Esos expulsados de la Historia, antiguallas, como los denomina Mendoza, serían muy atractivos para él, por lo raro, extraordinario y atípico que se da en política a día de hoy. Domina tanto el desencanto en la sociedad, o por lo menos, en una parte importante de la sociedad española que está harta de según qué políticos. Queremos cosas nuevas o no tan nuevas. De lo que ya andamos sobrados es de cínicos. Da igual el partido político que sea. Los hay a montones.
No estaría mal que una vez que ha desempolvado a esos mencheviques, nos presentara el mismo Mendoza con mayor profundidad su programa electoral, que tiene que ser de una enjundia desquiciante. Vamos, que a Eduardo Mendoza seguro que no le daban gato por liebre. No es fino él ni nada. El sentido del humor en grado sumo y al poder. Mejor al principio, que no al final siendo la irrisión de todo Cristo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

