sábado, julio 29, 2006
Mi casa no es mi casa: se ha convertido en una zapatería.
LLegada a casa cargados de maletas y empezar a desparramar bultos por todas las habitaciones es incomparable, muy recomendable para el aburrido que no sabe qué hacer ya con su vida.
Mi estado de ánimo era bien distinto: venía eufórica, contenta, comprensiva, por un lado; por el otro triste, apesumbrada, lamentando que lo bueno siempre se acaba tarde o temprano, en mi caso temprano, porque no hemos estado ni quince días fuera de la rutina y el mismo entorno. Bueno, pase que soy Géminis y tengo esa dualidad perfectamente asumida. Lo que me saca de mis casillas es el desorden que impera en la casa cuando regrasamos. Me pongo a ordenar pacientemente todo lo que había por medio. Además quería hacerlo cuanto antes, porque no puedo vivir tropezando con los trastos a cada paso. No, cada cosa a su sitio cuanto antes. Y a trabajar con eficiencia, que ya hemos tenido relajación de sobra. Dicho y hecho. Fueron dos o tres horas en el tajo, pero valieron la pena: ordenado y como si nadie se hubiera ido de casa en este tiempo. Ah, pero los zapatos estaban esperando en una habitación con toda la paciencia del mundo. Ya no me acordaba de ese detalle. Zapatos de todas clases: altos, bajos, sandalias, zapatillas de esparto de mil formas y maneras, zapatos mocasines, kiowas, escarpines, chanclas. Tenía una buena tarea clasificatoria por delante anoche. Lo que me extraña es cómo hemos podido llevar tanto calzado en tan poco tiempo. Y yo llevándome la palma: la que más zapatos lleva y trae soy yo. ¿Cómo puede ser esto? ¿Me ha venido a visitar el síndrome zapateril? Zapatos y más zapatos en mi campo de visión. Qué mareo, por Dios. Y esto lo trae el venir tan relajada: que no estamos ya acostumbradas a pegar palo al agua y nos sobreviene el pánico ante el mínimo quehacer doméstico.
¿Cómo andáis vosotros? Y no me digáis con los zapatos, que yo no sé qué os hago...
viernes, julio 14, 2006
Adiós, hasta la vista.
Me ausentaré unos días y dejaré este blog más solo y a su suerte que nunca. Total, para lo que lo actualizo, ni se va a notar demasiado...
Os deseo un buen verano a todos los que paséis por aquí, errantes de blog en blog, buscando gente con ganas de charla. Nada de eso por una temporada. Meritxell se ha ganado a pulso un descanso más que merecido después de haber pasado un mes de junio terrorífico y de salir agotada de la lucha en demasiados frentes. Uf, qué intriga dejo. Que cada uno imagine lo peor y verá que lo mejor es que me vaya "en vacances" y me recupere.
Los asiduos a este sitio se den por saludados efusivamente y que cuenten muchas cosas en sus blogs, para cuando pueda leer sus maravillosos posts... a la vuelta, porque de internet no quiero ni oír hablar hasta mi regreso.
Pasadlo bien con vuestras familias y amistades, que es lo que toca en estas fechas. Y si viajáis por ahí, disfrutad de la gente nueva que conozcáis.
Libros me llevo un montón, a ver si es posible ahora, por fin. Ya me ha llegado el momento de la lectura sosegada entre chapuzón y chapuzón; que todo no va a ser estar en remojo. Mi música y mis libros van a ser atendidos como se merecen. Por supuesto, con la familia ocupando como siempre el lugar más importante. Es decir: no me libro de los berrinches ante las comidas, la llantina ante la hora de ir a dormir, no, me lo llevo puesto, porque son los gajes del oficio; pero qué queréis, cambiándo de aires seguro que lo tolero todo mucho mejor...
lunes, julio 10, 2006
Günter Grass
Acabo de leer en http://www.saborliterario.blogspot.com una reseña sobre Günter Grass y me ha venido a la cabeza automáticamente Marcel Reich-Ranicki y su recuerdo del Günter, escritor novel en 1958, que tuvo que recibir en Varsovia y acompañar por la ciudad.
Relata aquel encuentro de una manera especial:
"Al día siguiente fui al hotel Bristol, donde el invitado me tenía que esperar hacia las tres de la tarde. La recepción del hotel se hallaba vacía aquella hora y no se veía por ninguna parte un escritor de Alemania occidental. Sólo estaba ocupada una butaca, pero en ella se sentaba una persona que no encajaba. El Bristol era entonces el único hotel de lujo de Varsovia, ocupado casi exclusivamente por extranjeros, que se distinguían de los autóctonos simplemente por la ropa. El hombre de la butaca iba vestido, en cambio, con descuido, por decirlo de manera discreta, y además no se había afeitado. Parecía estar haciendo algo nada habiual en la recepción de un hotel elegante: dormitar.
De pronto, se incorpó y caminó hacia mí. Me estremecí. Pero lo que me infundió miedo no fue su bigote imponente, sino su mirada dura y fija, vidriosa, casi salvaje. Pensé que no me gustaría encontrármelo en una calle oscura; seguro que en el bolsillo del pantalón llevaba, si no un revólver, al menos una navaja."
(página 359 de Mi vida, Marcel Reich- Ranicki).
No sé si ya lo he dicho anteriormente, un libro autobigráfico muy recomendable para pasar unas tardes de siesta en su compañía amena y con su particular estilo de crítico sin pelos en la lengua.
Es que los críticos literarios tienen la habilidad de ver, sentir de una manera un tanto peculiar y no se dejan nada en el tintero, ni lo que no le importa a nadie, lo que resulta un tanto escabroso de contar; no vayan a resultar complacientes con los escritores, oh, no, eso jamás.
martes, julio 04, 2006
Accidentes absurdos.
No quiero repetir aquí lo que tanto se ha dicho en televisión sobre el accidente en el metro de Valencia. Estamos saturados de información al respecto. Pero de lo que no nos cansamos es de lamentar lo ocurrido. Ver tanto dolor en los familiares y en lo que cuentan los que lo vivieron en primera persona y salieron más o menos magullados, pero, al fin y al cabo, pueden contar su versión. ¿Iba tan deprisa el maquinista? ¿Es que no se acaban de mentalizar del tema de la velocidad, por más que pongan el carnet por puntos? Iba al doble de la velocidad permitida. De momento, fallo humano debido todavía a no se sabe qué. Y todo en un momento de inconsciencia, echas a perder tu vida y la de un montón de personas inocentes que van al trabajo o vienen ya cansados, deseando llegar a su casa. Qué injusta es la vida.
Lo cierto es que estamos hartos de este tipo de noticias en las que se pierden tantas vidas de la manera más absurda y gratuita.
¿Cómo se te queda el cuerpo con estas continuas llamadas de atención de la vida? ¿Aprenderemos en cabeza ajena a ser cautos y andar con pies de plomo en el tema de la velocidad? Toda precaución es poca; si no es por parte de uno es por parte de otro. Siempre en vilo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

