domingo, enero 28, 2007

Tiempo de nieves.

Muy bonito el paisaje nevado. Me dan ganas de inmortalizarlo unas cuantas veces con la cámara digital e incluso llego a grabarlo con la videocámara, tanto me gusta. Me paso un precioso tiempo libre contemplando lo estético que resulta el tejado de enfrente de mi casa, tan algodonoso y casi desaparecido tras la abundante nieve, y no tengo fuerzas para hacer otra cosa. Y mira que tengo que hacer cosas pendientes. Durante el viernes tuvimos bastante frío y nuestros cuerpos no entraban en calor con nada. La nieve empezó a caer de improviso y no dábamos crédito a nuestros ojos. "Vaya si nevaba, mírala como cae". Nosotros erre que erre que llovería. "Está nevando de todas todas". La nieve se asoció a la fiesta y ya no perdimos la sonrisa en el resto del día. "Qué maravilla, cómo nieva, y no deja de nevar". Un día muy feliz de inicio de fin de semana y puente de Santo Tomás, qué más podemos pedir alumnos y profesores. No quiero ni recordar cómo se quedó la entrada del instituto, con aquellas bolas de nieve lanzadas por los que salían precipitadamente a gastar una broma a su amigo que huía como alma que lleva el diablo. Risas, bromas, lanzamientos sin tregua y la nieve en todas las conversaciones. El sábado cambió la cosa. El frío era mayor, mucho mayor y no había ya nieve. Nevó un rato mientras estábamos desayunando, pero no cuajó. No apetecía nada salir a la calle con aquel viento frío que echaba para atrás. Casi nadie circulaba por la calle cuando tuve que salir. Y no tardé nada en volver a recluirme en casa, en la calidez ambiental como el refugio perfecto. Hoy todo cambió: ni frío, ni nieve, ni viento. Un día invernal pero bastante más agradable, que nos permitía ir por la calle, tranquilos, con el abrigo, por supuesto, pero sin la prisa por refugiarnos bajo techo como ayer. Daba gusto estirar las piernas y ver que mucha gente había pensado hacer lo mismo y se demoraban al sol, atrapando cada rayo y saboreándolo como se merecía este sol del invierno.