jueves, octubre 26, 2006

Películas machaconamente vistas.

El cine que tan buenos momentos, ensoñaciones o pensamientos me ha dado está últimamente en el rincón de los castigados. No voy a ver una película al cine desde...no puedo ni recordarlo. Qué sé yo, tal vez desde principios de año. Figúrate la de películas de estreno que me he perdido. ¿Pero me he perdido este año alguna gran película? Tal vez. Ahora mismo mis apetencias no me llevan a ver una película de mucho presupuesto, americana, inglesa o de donde sea, que anuncian a bombo y platillo con toda la vistosidad y el "glamour" que se estila en tales eventos. Para nada. Ni pizca de curiosidad me produce. Pues qué apática cultural. Y qué le voy a hacer. Te gusta o no te gusta. No hay que darle más vueltas al asunto. Tengo que decir que eso que acabo de confesar sin ningún rubor por mi parte, no está reñido con que me encante ver cine de otras décadas. Es más, me entretiene ver películas de esas que no te cansas nunca de ver repetidamente en el DVD. O yo no me canso nunca de verlas cuando tengo un momento de apetencia de nostalgia, de recrearme en las imágenes, en las historias contadas, en los personajes representados magistralmente por actores que han pasado o no a la historia cinematográfica. Cine clásico, se entiende. Dadme ese tipo de cine y ya estoy deseando ver esa escena que tanto me impacto y que seguirá impactándome todas las veces que la vea. Me reiré de nuevo en tantas escenas que me sé de memoria, sin escatimar una sola carcajada. ¿No es lo que me pasa cuando veo "Tiempos modernos" de Chaplin? Me parto de risa mil veces que la vea. He comprobado que también me atrae más una película en blanco y negro que en color. Me pasa lo mismo con la fotografía. Ni perfección digital ni gaitas. Dame una buena foto en blanco y negro. Tenemos una serie de gustos anclados en el pasado y a estas alturas de la vida creo que no vamos a dar nuestro brazo a torcer.

martes, octubre 24, 2006

Nuevos habitantes.

Ay, los peces de colores se murieron y ahora tenemos dos tortugas pequeñitas. Ayer, después de las clases, viniendo para casa con el paraguas todo el rato abierto, esquivando charcos, pero muy reconfortada por el ambiente lluvioso y verme libre del encierro desde las ocho de la mañana, me paré en el escaparate de una tienda de mascotas. "Vade retro": creía que nunca entraría en una tienda así. ¿Para qué? ¿No me dan un poco de asco los animales vistos de cerca?Me gustan, pero de lejos. El poco contacto que hemos tenido es la causa de esa actitud. No he tenido en mi vida más que un perro al que adorábamos en casa; uno más en la familia, se puede decir. Pero murió, el pobre. Poco contacto hemos tenido con animales en casa. Bueno, los peces. Unos pocos han pasado por la pecera que ahora descansa del trasiego del año pasado. Las tortugas que tanto me habían pedido las niñas mira por donde vendrían conmigo a casa después de mucha súplica para que se las comprara." ¿En casa bichos?; Pero qué manía, que no quiero ni peces siquiera..." Las objeciones de nada sirvieron, y se puso de manifiesto una vez más el poderío de ellas. Vencieron. Me vieron llevarles las tortugas a casita en una especie de batea de plástico, muy bien pensada con dos rampas para que se puedan mantener secas cuando quieran. "¿Y qué comen las tortugas, mamá?" "Me han dicho que comida de este bote, una especie de gambitas; poco, dicen en la tienda de animales, porque ahora no comen mucho en esta época. También un poquito de jamón de york". "Mamá, yo me encargaré de cambiarles el agua y darles la comida. Tú me ayudarás todas las tardes, ¿de acuerdo?" Y me acabo de pasar un rato embelesada mirando cómo se apañan las dos tortuguitas que parecen disfrutar debajo de la palmera que trae incorporada su bañerita, como si estuviesen en Marina D`ors. Más graciosas. Yo era la que no quería bichos en casa. Anda, llámalo congruencia. Y les compro las tortugas, me quedo mirándolas como si nunca las hubiera visto en los documentales de la dos (de tú a tú nunca jamás me las he visto con ellas), claro que cogerlas aún no las he cogido; me da un poco de qué sé yo (todo se andará, por lo que veo);y, rizando el rizo, ahora voy y os lo cuento.

sábado, octubre 21, 2006

Una entrevista leída sin perder una coma.

En el suplemento "El semanal" de la semana pasada, venía la foto de Delibes sentado en un banco en un entorno idílico, en plena naturaleza, al aire libre que tanto le gusta, que me sorprendió muchísimo. ¿Así está ya Miguel Delibes? ¿Tan mayor es ? Y me dejó muy intrigada el titular que lo acompañaba debajo de una chica muy mona sentada en el mismo banco de color blanco, contrastando con sus magníficas piernas bronceadas que calzaban manoletinas plateadas igualitas a unas que yo tengo. Desgraciadamente mis piernas no lucen tan torneadas y tan elegantes. Sonreía la chica con franca sonrisa, sin asomo de timidez frente a la cámara que fotografiaba al abuelo y la nieta. "Cinco horas con mi abuelo Miguel", decía el titular y explicaba debajo que era una charla de su nieta Ángeles con el abuelo que todos hubiéramos querido tener. Garrota incluida y mirada fija y expectante. Reconozco que me ha impactado más esta portada que la otra que tanto revuelo ha causado del Príncipe Felipe y Doña Letizia. Me interesa más lo que pueda decir Delibes a su nieta que se estrena en esto de la entrevista periodística y nos acerca a su abuelo de una manera tierna, cercana, tal como es en su intimidad. Me ha encantado y la he leído muy atenta a todo lo que nos cuenta Ángeles Corzo, a su visión del abuelo no tan "ágil y esbelto" ya sino todo lo contrario. ¿Y las fotografías de la biografía de Delibes? Una maravilla. He disfrutado mirando y remirando su familia numerosa y cómo era de guapo en su juventud cuando ganó el Nadal. Su mujer era también una belleza y no me extraña que fuera el amor de su vida, con esa sonrisa. Los testimonios de algunos escritores que sienten pasión por Delibes como club de fans "vips" aparecen en recuadros al margen y así leemos lo que dice A. Pérez-Reverte, Caballero Bonald y Martín Garzo. Nosotros pensamos muy parecido a ellos. Somos admiradores del montón, y ojalá fuéramos una legión de seguidores de su obra narrativa, porque lo merece. Y lo que más ternura despertó en mí fue ver la respuesta que le dio a su nieta a propósito de Internet: dijo inocentemente " No me aclaro. Internet no sé lo que es. ¿El infierno?" Ya sé que nunca me encontraré con Miguel Delibes navegando por los blogs o por los foros, aunque viva muchos años( ojalá sea así).Él pertenecerá ya a las páginas de un libro, a su numerosa producción y allí hay que irlo a encontrar. Allí nos veremos, Miguel Delibes.

viernes, octubre 13, 2006

¿Me vuelvo por aquí?

Más o menos eso es lo que estoy haciendo; porque otra vez Blogia dando problemas a la hora de publicar posts. Después de escribir fatigosamente mi último posts allí ¿qué crees que pasó?:exactamente; se perdió. Como dicen los de Cruz y Raya, "Ande andará". Yo no sé qué ocurre, pero es que da de todo cuando quieres ver que se publique un post, y esperas y esperas, te vas a cenar, vuelves, y aún no se ha publicado, para después perderse en el abismo de internet. Pues ya he escarmentado. Nada como Blogger (vamos con el peloteo barato, ¿qué me cuesta?) El contador cuenta mucha gente leyendo estas tonterías mías.¿ No serán que entran y salen los mismos todo el rato?. Ahora veo uno en Vigo o alrededores, que creo que será Zebedeo; es que por sus comentarios, ya nos vamos conociendo un poco ("saludos, Zebedeo"); El segundo es de San Sebastian, más o menos. Si fuera Carlos Arguiñano le saludaría gustosa; porque no me pierdo ni una de sus recetas en Tele 5. Qué enganche tengo a su programa. Me inspira toda la paz del mundo. Si estaré relajada que me río con esos chistes tan malos que se cuenta mientras se parte de risa él solito. Ya con eso me parto yo también. En karlos.net tengo que entrar algún día a ver cuántas fotos de esas chulas tiene. Ya le enviaré yo algunas de las que me da por hacer cuando salgo de campo. Que desde que tengo la cámara digital, qué cansina soy haciendo fotos a todo bicho viviente. Menos mal que no ocupan nada y qué manera de entretener a una. Me encanta fotografiar a la gente. Antes que a los paisajes , están las caras, los gestos, la diversidad de expresiones que hay por doquier. Y que no se den cuenta mientras disparas a diestro y siniestro. Con que estás haciendo fotos a los monumentos de la ciudad, vas y los inmortalizas. Ah, y no hay dos sin tres. Hay un tercer lector de mi blog en Alemania. Qué éxito de público. Y seguro que no ponen un comentario a lo que lean. Ya sé que es más cómodo pasar de un blog a otro, pinchar en los enlaces mecánicamente y no decir esta boca es mía. Yo lo hago muchas veces; somos así de poco participativos y un poco lectores compulsivos. Cantidad, cantidad, a ver qué se cuece por ese sitio, a ver qué comenta este otro, y de uno vamos a otro blog y nos perdemos en el bosque frondoso. Luego estamos ya cansados para decir nada, escribir nuestra opinión o saludar al que lo ha escrito para desahogo propio y, de manera indirecta para nuestro deleite. ¿Hay algo más desinteresado que este medio? Internet nos trae algunas veces la humanización que no vemos por ninguna parte en la vida real, en la calle, en la gente que va con prisas y que hasta les cuesta emitir un leve saludo. Todos tenemos tanta prisa que nos molesta a veces coincidir con conocidos, que nos hacen parar el ritmo para saludarles. Esta mañana, me ha ocurrido eso exactamente. Iba tarde, caminaba como una autómata y, dio la casualidad de que oí mi nombre, y me sorprendió ver a un alumno del año pasado, de otro lugar , sonriéndome. Le saludé con una sonrisa pero nada más. ¿Me había creído que era de este curso y que lo vería próximamente en el aula? Creo que sí, que mis prisas por avanzar me hicieron creerlo. El caso es que ya a un buen trecho, me percaté de que no era de este curso, que lo tuve el curso pasado y que era de un trato exquisito en las clases; correctísimo, algo que no se estila en absoluto. Se había sentido sorprendido por verme y me iría a saludar. ¿Y yo que hice? Saludarles de manera rápida y desconsiderada, "Hasta luego" y desaparecí.. Ya ves. Me di cuenta tarde. Todo por las prisas que nos hacen perder el control de lo que es lo correcto en estos casos. Luego me saludaron y saludé yo a más alumnos, que vagaban tranquilamente, disfrutando del puente, que no le ha venido mal a nadie. Yo, la primera en disfrutar de estos días. Que he aprovechado para hacer todas aquellas cosas que tenía que haber hecho hace un mes, pero que iba postponiendo para mejor ocasión. El otoño nos pone las pilas alcalinas y nos sacude con fuerza la dejadez acumulada durante el verano. Verás qué bien nos vamos a plantar en el invierno.