miércoles, diciembre 13, 2006
Fechas.
Menos mal que hoy es miércoles y no martes y 13. Bueno, da igual: no me he escapado de un día negro, pero negro negro como el tizón. Qué manera de ir acelerada. Corregir, corregir y corregir. Ahora ponte con las notas. Pásalo al programa de ordenador y vete con cuidadito, que te equivocas y no lo cuentas. Pues como tengo los ojos ya ni te digo. No son ojos, son dos cuévanos profundos jejeeje. Ay, y todavía me río de mi estado de desintegración total. Dormir, dormir, etc. Eso es lo que yo necesito. Y lo digo a las 7.30 de la tarde. Si pudiera, que no puedo, me iba a dormir ahora mismo. Es el mejor remedio para el dolor de cabeza, después de haber leído tanta insensatez junta. Estoy con empacho de apuntes de literatura y de análisis sintáctico vistos por adolescentes. Ya sabemos que hay de todo. También me he llevado algunas alegrías y me ha encantado poner sobresalientes de cuando en cuando. No sé si ya era el agotamiento después de las boberías leídas, que veía algo sensato y me parecía estar ante las palabras de Cervantes. Bueno, dejo constancia de que hoy, 13 de diciembre, mi cabeza no daba para más. Mi cansancio a esta hora es tanto como mi desfachatez por venir a contarlo y hacer un post.
sábado, diciembre 09, 2006
Compras.
Ya estamos en esta semana del "preparados, listos, ya" con que salimos disparados a perdernos por tiendas, centros comerciales de este o aquel sitio y sa sentir la satisfacción de gastar dinero en cosas que nos harán esperar con impaciencia el momento de regalarlas. Es el disfrute por el disfrute comprando después de habernos mareado con listas interminables de necesidades ajenas, y de paso, por qué no, propias.
Nos gusta vivir estos días la incomodidades habituales: muchas colas para todo, mucho tiempo perdido esperando que nos atiendan, que nos muestren, que veamos esto y aquello y, si no nos convence, lo de más allá. Es de masoquistas disfrutar con esa tortura, pero qué le vamos a hacer, salimos como nuevos después de habernos mareado por tanto tiempo sin hacer nada más que dar vueltas por la tienda de bolsos hasta que nos tocaba la vez, porque la mujer que iba delante de nosotros salía rebosante de felicidad con sus maletas y paraguas envueltos en el típico papel de regalo de mucha campanita dorada y renos corriendo como locos para llegar a tiempo donde se les espera. Nosotros igual: corriendo de aquí para ver unos zapatos ("¿con todos los que tienes, más aún?") o para ir a buscar unos guantes o una Barbie-qué-sé-yo que tiene no sé cuántas cosas de maquillaje.
No hemos hecho más que empezar, y nos cansamos, claro, nadie lo duda, pero todavía no he visto a ninguna de las compradoras compulsivas navideñas (¡a ninguna !) con el ceño fruncido como el que ponen muchos maridos esperando en el coche, hartitos de esperar, a que terminen las dichosas compras que hasta el más pintado sabe que saldrán por un buen pico... ¡Ya estamos con la visión aguafiestas del momento! La cara y la cruz, señores.
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