viernes, octubre 05, 2007

Crispación y nervios a mansalva.

Las emociones fuertes deben de gustarnos mucho, más o menos como el café cargadito. Es malísimo para la salud, tanto lo uno como lo otro, pero la cabra tira al monte quieras o no quieras. Por la mañana temprano, a eso de las siete aproximadamente mi despertador me deja el oído invariablemente sordo durante dos segundos: lo que tardo en despertarme, recordar dónde está situado el dichoso ruido infernal y encender la luz. En ese estricto orden: no he llegado aún a lograr encender la luz totalmente dormida, pero quién sabe lo que´llegaremos a hacer cualquier día de estos. Vamos, que con el cabreo de despertarme en lo mejor del sueño no veo más que situaciones irritantes: frío, dolor de cabeza, abotargamiento, para qué seguir. El desayuno consiste en un buen café como a mí me gusta, no terroríficamente bien cargado, pero tampoco lo contrario, un aguachirle... Disfruto de ese momento con sentimientos contradictorios: los que experimento cuando oigo la exasperación de Jiménez Losantos, don Federico, echando la filípica a alguno de su selectivo muestrario. Me tengo que reír de cuando en cuando porque lo cuenta con un humorismo que seguro que leído sabría a más. Yo suprimiría el sempitermo "en fin", con el que suele rematar la faena de ridiculización del más pintado. Y da paso a las noticias locales y yo ya he despertado verdaderamente y me enfrentaría al gigante Goliat de mis obligaciones diarias con el arrojo de los que saben lo que quieren y van tras ello. Energía por un tubo y hasta de buen humor. Al trabajo de buen humor, quién lo diría. Pues me voy como no vengo. El regreso es una mezcla de cansancio físico, agotamiento psicológico, derrumbe y sin ganas siquiera de comer al ver el telediario y llenarme los ojos de visiones morrocotudas: los vascos y las vascas de las tierras vascas lanzando objetos a los policías que huyen del encontronazo sin zurrar la badana y dejan el patio revuelto, con los nervios de todos a flor de piel. Hala, a hartarse de ver desorden y encontronazos por todas partes. Los políticos diciendo erre que erre y no saliendo de ahí. Con orejeras puestas. Y la ciudadanía cada vez más obcecada en "porque yo lo valgo" y " a ver quién lo dice". Hay más chulos que nunca y agobia tanto desparpajo mostrenco. Eso no tiene que ser bueno para la salud - qué telediarios más violentos y crispados-y más con el estómago vacío. Menos mal que por la noche ni veo las noticias ni oigo programas de radio. Nada de buscar las pesadillas nocturnas ,crispadas también ellas. Nos relajamos con un buen libro, que nos trae cuenta.