sábado, marzo 10, 2007

Eduardo Galeano.

La primera vez que oí hablar sobre Eduardo Galeano fue en la facultad. Un profesor de Literatura Hispanoamericana dejó caer su nombre y una recomendación de lectura:LAS VENAS ABIERTAS DE AMÉRICA LATINA(1971). Recuerdo que anoté su título. ¿Cuándo tendría tiempo de leerlo con la lista enorme de títulos obligatorios que teníamos en todas las asignaturas? Y eso sí que acatábamos. En Filología qué ibas a hacer si no leías las listas de libros de los que te examinarías en junio. Claro que leía entonces. A todas horas, no sólo en castellano, sino en latín (Ay Catulo), incluso en francés (por Dios, qué martirio leer a Proust en francés, con el diccionario echando chispas y teniéndote que preparar un examen de su lectura). Entonces la obligación resultaba odiosa. Poco tiempo para saborear las lecturas y eso que andaba prácticamente todo el día con un libro pegado a la mano. Con ese profesor de Hispanoamericana que nos contagió su adoración por algunos autores de los que no habíamos oído hablar nunca, aprendimos mucho de escudriñar el texto. Le dábamos un buen repaso a todo el que caía en nuestras manos. "¿Y tú qué opinas?" se dirigía a ti y le tenías que contar las sensaciones que te produjo la lectura de Juan Rulfo o José María Arguedas. Nombres tan lejanos, de los que no sabías nada, ateniéndote al texto, opinando con la frescura del que es sincero exponiendo su punto de vista de lector que no se casa con nadie, que opina con toda la libertad del mundo. Aunque esté quedando como un inculto que no sabe apreciar la grandeza de un escritor. Pero ese era el método. La intuición, lo que nos pareciera a nosotros, porque nuestra opinión contaba, era lo que se nos pedía. Nada de repetir como un papagayo lo que ya venía en los manuales de literatura. La espontaneidad, la frescura del que lee y quiere compartir con los demás sus apreciaciones a propósito de un libro. Esa dinámica hizo que nos interesáramos por todo lo que nos recomendaba desde su asignatura. Le recuerdo dándonos la lista de libros obligatorios para ese curso y dando a entender que ya tendría ocasión a lo largo del curso de proponer otras lecturas aconsejadas, muy recomendables para el que estuviera interesado en algún escritor de los propuestos. Hoy estoy leyendo otro libro de Eduardo Galeano titulado EL LIBRO DE LOS ABRAZOS. Me gustó nada más ver su portada en la librería, por la que iba desganada buscando libros que no estaban. Mira por donde me encontré con Eduardo Galeano en Siglo Veintiuno y hojeando un rato, vi que parecía interesante. Me lo traje el sábado pasado y le hinqué el diente ese mismo día. No podía esperar ni ponerlo a la cola de los que no he leído y yacen en los estantes un poco mosqueados conmigo. Otra lista muy diferente a las acostumbradas en la facultad, cuando era obligatorio leerlas. Y por gusto, no lo estoy leyendo página tras página, sino dando saltos, leyendo de manera caprichosa, saboreando su lectura, sin prisa de ninguna clase. ¿No es envidiable leer así? Así es como se llega a conocer un poquito mejor a un autor. Leyendo por el puro placer de leer a un autor grande, original, con tanto que contarnos, que no nos aburre nunca. Da pena ver que se acaba y no tiene una continuación. Eso me pasa con los libros del grupo A: los que me llevan a una relectura las veces que mi encaprichamiento quiera. http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/el.libro.de.los.abrazos/index.html