jueves, diciembre 06, 2007

Aloe vera.

Tenía las manos agrietadísimas y nada, ningún remedio podía con ellas. Parecían las manos de una trabajadora del campo maltratadas por el viento, el agua , la dura jornada laboral y la poca crema que recibían en ellas. Deshidratadas y ásperas como una zapatilla de esparto. Y dolían, vaya si dolían en ese estado. Su trabajo era tan estresante que cada media hora realizaba dos gestos mecánicamente. Uno era beber agua, tuviera o no tuviera sed. El otro pintarse los labios con un carmín rojo como una amapola. El agua le provocaba tener que ir al servicio, lavar las manos y secarlas en la maquinita endiablada que las dejaba medio secas y que tenía que rematar con un pañuelo de papel. Otras, a veces, las dejaba secarse al aire y se iba pasillo adelante, dándose toquecitos en los pómulos, tan pálidos frente a los labios esos tan rotundos y prominentes. La gente en la oficina estaba enloquecida. Ella no hacía caso a nadie y se limitaba a beber más agua. Era bueno para el riñón. Oía las voces del jefe como quien oye llover. Ya se calmará el pedazo de cangrejo este. Una vez se fijó en las manos de su compañera Matilde. Así de refilón vio sus maravillosas uñas pintadas de laca de uñas clarita." Manicura francesa, qué bien le sienta con esos dedos largos y delgados". En contraste sus manos parecían dos mazacotes enrojecidos tanto como sus labios. Parecía que se había resfregado su carmín por la piel de las manos. "Feísimas. Menuda diferencia" Matilde se dio cuenta de que contemplaba sus manos con repulsión. El gesto era un poema. La dejó con la palabra en la boca, porque Matilde ya le iba a recomendar una crema para esas manos tan desastrosas. Fue al servicio y vino con las manos perfectamente secas y cada vez más enrojecidas. Hasta su carmín parecía deslucido. ¿Se estaba comiendo los pellejitos de los labios? "Para de una vez, mujer, que te vas a ir a casa hecha un cromo. Anda, quítate ese color de labios y date esta barra de aloe vera. Mira cómo me ha dejado a mí los míos. Y esta crema Bodygel también de aloe vera para las manos; si pareces un Cristo... Tienes una piel tan sensible como la mía y que ya ves, si no te la cuidas, cómo quieres que luzca . Anda que no le dedico yo horas a su cuidado. Ayer compré una maceta de aloe vera y al entrar por la puerta de mi casa, el mameluco de Javier no tuvo otra ocurrencia que decirme si pensaba comerme poquito a poquito la maceta, que lo había visto por la tv, que daba buen resultado las hojas troceadas y peladas, para no sabía qué. Le dije que pensaba hacer una ensalada con ella para cenar, con mayonesa estaba riquísima....y por poco no le da algo. Qué risa me pasé viendo su cara. Creía de verdad que la loca obsesionada por la piel llegaría a comerse la maceta. Bueno, todo es proponérselo. Tú, vete embadurnándote bien con esta crema y ya me cuentas. "