miércoles, abril 09, 2008
Música a destajo
Ayer tuve empacho, pero de los buenos, de música. No es que sea excepcional que escuche toda la música que pueda. Pero ayer me pasé. Hoy no había manera de levantarme para madrugar y acudir con diligencia a mi trabajo(hoy la diligencia se quedaba acostadita y yo maldiciendo mi suerte camino a la calle nada acogedora de lluvia intensa).
¿Qué escuché de música? Pues de todo. Por la mañana mientras desayunaba en paz y sosiego(nadie necesitando nada de mí y yo rumiando mis pensamientos, aparte de dando cuenta de una tostada con aceite)rehusé a escuchar a Jiménez Losantos para que no estropeara ese momento de relax. Sí, ya sé que gracias a él me pongo al día de las grescas diarias y hasta me río con sus decires y guasa matutina. Nada,nada a escuchar a Eros Ramazzotti. No todas las canciones porque dos CDs no daba tiempo.
Cambié a Pastora y a La quinta estación. Buscaba las que más me gustaban y como fui caminando al trabajo me dio tiempo de oír unas pocas. Hasta a Miguel Bosé, justo antes de poner el pie en el umbral y suspirar hondo porque ya me estaba viendo venir a alguien que diría lo siguiente al escuchar lo que yo escuchaba de Bosé:"¿Y esa música te gusta?!Pero si no sabe cantar ni ná!" Deja, deja. Apaga y entremos con una sonrisa a la batalla.
De vuelta a casa puse bien alto a Antonio Orozco casi enterito. Me dio tiempo de escuchar a Calamaro y su Flaca que apenas escuché entre el ruido de Doraimon de la televisión que las niñas estaban viendo tranquilamente.
Después de comer apagué la televisión que mi marido había dejado puesta y que ya nadie veía para seguir con las canciones: Calamaro, Fito, Diana Navarro, Alejandro Fernández, Sabina, M-Clan, Estopa y llegué hasta Luz Casal. Ya había arreglado toda la cocina, había puesto orden en el rincón más recóndito de la casa y me disponía a salir de nuevo. La peluquería. Allí escuché todo el repertorio completo de Carlos Baute, R. Martin y Alejandro Sanz. Me tocó esperar un buen rato, claro. Y la cabeza me estaba ya doliendo, y eso que no habían empezado conmigo. La charla de peluquería también me estaba cansando, no digo que no. Pero qué quieres. De allí no me iría hasta que no me adecentaran la cabeza, por mucho que me doliera.
LLegué a casa escuchando el sonido de la lluvia intensísimo que parecía que nunca había llovido con esa fuerza. El campo iba a estar precioso, así que todo sea por eso, aguantarse con la tromba de agua. Sevilla iba a estar de maravilla con todo embarrado en la feria. El monotema de la peluquería me salía a borbotones y hasta yo misma me daba la matraca con la feria y el agua.
Por la noche antes de irme a dormir escuché todavía más música. Ya el Ibuprofeno había hecho su efecto después de cenar. Mientras revisaba unos exámenes Il Divo estuvo sonando una y otra vez. Hasta que me puse a leer a Andrés Trapiello y me quedé dormida. Cuando desperté me sentó fatal comprobar que eran las dos y que qué hacía trasnochando un martes, yo, la esclava del horario a machamartillo.
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