domingo, noviembre 06, 2005

Paseo.

Esta mañana no tenía pensado salir a ningún sitio. Las niñas jugaban en el ático con mil y un juguetes dispersos por allí. Cogían uno de una bolsa de almacenaje y salían un montón detrás. Todo les interesaba durante un minuto y luego iba a parar por ahí abandonado. Pero a su manera se lo estaban pasando bien hasta que me oyeron rugir que todo lo que sacaran lo iban a colocar después. Hasta ahí podíamos llegar. Más calmada me puse a pedalear en la bicicleta estática mientras las miraba de reojo. Yo muy digna y ofendida por lo que les acababa de anunciar a voz en grito. La desesperación del ama de casa, impotente por todo lo que hay que hacer y que nunca acabas del todo, me tiene en su poder y me sale a flor de piel cada tres cuartos de hora, más o menos. Bueno, después de la filípica a propósito de los juguetes y ya relajada por el ejercicio y la observación directa de mis dos angelitos "a lo suyo ,"me decidí por ir a dar un paseo. La mañana estaba buenísima, un sol maravilloso y sin nada de viento, no como ayer. Y, con todo, ayer por la mañana fuimos hasta el castillo de Miramontes, subiendo la escalinata del cerro con un viento loco y un frío que podía menos que las ganas de ver cómo iban quedando las obras de rehabilitación de la zona del castillo. Nos fuimos y las niñas estuvieron correteando por allí como locas y sin notar el frío que hacía, por todo lo que se movieron. Lo gracioso de todo es que yo que nunca uso zapato de tacón a pesar de que tengo unos pocos, pero por comodidad renuncio a ir más alta ayer me decidí por unas botas de medio tacón. ¿Qué podía imaginar? "- Mira, mamá se ha puesto tacones. Yo también quiero unas botas así." Dicho y hecho, mi hija se puso otras botas idénticas a las que llevaba yo pero de otro color que guardaba en el zapatero y que me habré puesto dos veces desde que me las estrené. Le impedí que taconeara más de la cuenta y le dije que se arreglara que nos íbamos de paseo. Así lo hicimos ¡y fuimos a parar al castillo...!Pero las botas no me molestaron en absoluto. Iba cómoda con ellas. Cosa inusual en mí, que me canso siempre si camino más de la cuenta con zapato de tacón. Mis pies son demasiado delicados y muy quejicas. Hoy lo mismo. Un paseo por las calles que apenas conocemos y por las que nunca paseamos. Pero ya con zapatillas deportivas y gorra para el sol impenitente que caía. La comodidad ante todo. Qué bien nos hemos sentido por aquellos parajes del final del pueblo. Casi hemos llegado al Pozo Santo callejeando por unas calles desiertas. Las niñas jugando, comiendo chucherías, corriendo, saltando, dándole a un balón. Se han cansado pero bien a la subida. Y otro vez en el castillo. Me llevé la cámara digital pero para nada. No estaban bien cargadas las pilas y no salió nada. Con el móvil les hice un par de fotos desde lo alto del cerro del que se tenía una panorámica de todo el pueblo de Azuaga. Eran las tres de la tarde cuando hemos bajado la cuesta y las niñas diciendo que no querían irse a comer. Con la cantidad de gusanitos,pipas y anacardos que se habían comido, decían que la comida para los perritos del cortijo...

1 comentario:

Gatito viejo dijo...

¿A que el ama de casa disfruta más con esos paseos que con la triste realidad de limpiar todo el día y ordenar ? Pues eso...date más veces caprichos. Me alegro mucho de que lo hayas pasado tan bien .Saludos