lunes, octubre 10, 2005

Elisabeth Eidenbenz.

Esta mañana leía en el suplemento de "El País" un reportaje sobre los 597 niños nacidos en Elna ( sur de Francia), hijos de republicanos españoles exiliados que se habían refugiado allí tras la derrota en la guerra civil. Lola Huete Machado relata en ese reportaje titulado "La cuna del exilio" toda una hazaña llevada a cabo por Elisabeth Eindenbez que se preocupó por acondicionar un palacete en maternidad para esas mujeres embarazadas que lo pasaban tan mal en los campos de refugiados franceses. Todavía vive esta heroína casi anónima y no da ninguna importancia a su papel decisivo para tanto niño por nacer en un territorio asolado por la miseria, el dolor y la falta de perspectivas de futuro. A sus 92 años conserva la lucidez y habla de su experiencia como si todo el mundo pudiera hacer el bien en cualquier momento en la Historia de la humanidad, sin darse ninguna importancia, creyendo que eso es lo normal en cualquier ser humano preocupado por el otro. Ella era maestra y fue la encargada de posibilitar el nacimiento de tantos niños que le deben hoy la vida y que como adultos le ofrecen su reconocimiento público a sus 65 años, considerando que otros niños internados en los campos de refugiados franceses no tuvieron tanta suerte y hoy no lo pueden contar ,como ellos, gracias a la desinteresada labor de una mujer comprometida con el sufrimiento ajeno. El reportaje de Lola Huete me ha hecho pensar en la cantidad de niños y niñas que hoy podrían haberse convertido en hombres y mujeres si alguien se hubiera preocupado por ellos, por darles cobijo en su huída aterrorizada por las bombas. Y también en las criaturas que vagan por el mundo hoy día, en este mismo momento en que escribo esto, huyendo del hambre y siguiendo la misma terrorífica suerte de sus padres, rechazados en todas partes y mirados con recelo por pertenecer a otra cultura y llegar de otros continentes. Sus miradas dirían lo mismo que las de aquellos otros niños; y sin embargo parece que no queremos ver la similitud de situaciones, estamos tan acostumbrados a los telediarios y a verlos en actitudes tan humildes y sufridoras, que creemos que eso es consustancial a ellos, que nacen sin poder de salvación. Que harían falta tantos milagros para ayudarles. Eso nos hace crearnos una mala conciencia difícil de ayudar a ningún ser humano; justamente lo contrario a la actitud de Elisabeth Eidenbenz y su espíritu luchador.

2 comentarios:

Gatito viejo dijo...

Me admiran esas personas que hacen tanto bien y siguen con su labor callada , no dando importancia a lo que han hecho porque consideran que era su deber como personas.La mujer de la que hablas , Elisabeth Eidenbenz , me parece un ser extraordinario y lo que hizo digno de mención .
Me ha gustado mucho tu post .Gracias por la información. Saludos

Meritxell2000 dijo...

Gracias, Gatito.

Me he acordado mucho de ti cuando estaba viendo este sábado "Informe semanal" y pusieron un reportaje estupendo sobre la figura de esta mujer que hizo tanto por esas mujeres que vivían en la miseria más absoluta y recibieron su ayuda.

Fue emocionante ver a esta señora tan mayor, hablando en castellano desde Viena, recordando esa etapa de su juventud y dando por sentado que cualquiera hubiera hecho lo mismo en su situación, sin darse ninguna importancia.

También salieron los testimonios de personas que se beneficiaron de su ayuda, cuando eran níños desvalidos en la Segunda Guerra Mundial.

Me gustó muchísimo el reportaje y me dio que pensar de nuevo.